John Steinbeck

Tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro son esas cosas fundamentales que toda persona ha de plantearse en algún momento de su vida. Eso sí, si bien muchos hemos comenzado a escribir un libro en alguna ocasión, muy pocos consiguen terminarlo. Nos encantan los consejos de novelistas expertos (y quizá abusemos un poco de ellos en Librópatas, lo sé) porque tras leerlos uno siente fuerzas renovadas para completar cualquier misión, y estas seis recomendaciones de John Steinbeck sin duda ayudarán a cualquiera de nosotros, sino a acabar su libro, sí a pensar que puede hacerlo.

En realidad, Steinbeck no los escribió para nosotros, claro, sino que se los envío vía postal a un amigo, el mismo año que ganó el Premio Nobel de literatura (por descarte). Decía lo siguiente:

«Permíteme que comparta lo aprendido en mi experiencia de enfrentarme a 400 páginas en blanco -ese terrible espacio que debe ser rellenado. Ya sé que nadie quiere aprender de la experiencia ajena, y es por eso que se ofrece con tanta facilidad. Pero las siguientes son algunas de las cosas que me mantienen a salvo de la locura.

1. Olvida la idea de que algún día tienes que terminar.  Perder la noción de las 400 páginas y escribir simplemente una página cada día ayuda. Después, cuando se acaba, uno siempre se sorprende.

2. Escribe lo más libre y rápidamente posible, volcando los pensamientos directamente al papel. Nunca corrijas ni reescribas hasta que hayas terminado. Reescribir sobre la marcha suele ser una excusa para no continuar. Además interfiere con la fluidez y el ritmo, que solo puede venir de una especie de asociación inconsciente con el material.

3. Olvídate del público general. En primer lugar, porque el publico anónimo y sin rostro te asustará a morir, y en segundo lugar porque, a diferencia de en el teatro, aquí no existe. En literatura, tu público es un único lector. A veces ayuda escoger una única persona -alguien que conozcas o que hayas imaginado- y escribir dirigiéndote a ella.

4. Si te atrancas en alguna escena que te parece esencial, bordéala y continúa. Cuando hayas terminado el conjunto, puedes volver a ella, y probablemente descubrirás que la razón por la que te daba problemas es porque no pertenecía allí.

5. Ten cuidado con la escena que te resulta muy querida, más querida que el resto. Lo más habitual es que esté fuera de lugar.

6. Si estás escribiendo un diálogo, dilo en voz alta a medida que lo escribes. Solo así parecerá discurso hablado.

Vía |The Paris review