En la primavera de 1891, Sofia Tolstaia tuvo un encuentro con el zar de Rusia, entonces Alejandro III. Tolstaia iba a pedirle la absolución para una de las novelas de su marido, que la censura había bloqueado por considerar que atentaba contra las ideas de la buena sociedad. En la carrera de Lev Tolstoi, él escribía, pero ella era quien trabajaba entre las sombras para lograr que las historias llegasen al público. En esta ocasión, Tolstaia logró que la censura se levantase en uno de los puntos, el de la inclusión de la novela en las obras completas. La administración zarista pensaba que, de ese modo, la novela no lograría tener mucho éxito entre el público, perdida en un tomo lleno de historias. Se equivocaba. La novela, la Sonata a Kreutzer, fue un gran éxito.

Lo interesante, en este caso concreto, es que Sofia Tolstaia defendió la existencia de la novela y su publicación a pesar de que la odiaba brutalmente. Al fin y al cabo, la historia narraba de un modo crítico – y trágico – la historia de un matrimonio (centrándose en la experiencia del marido…), que, temía, muchos quisiesen ver como el propio del escritor. La mujer criticada en la novela era, por tanto, ella, en un nuevo golpe en su complicada vida conyugal. “Esta historia arroja una sombra sobre mi vida”, escribía por aquellas fechas Tolstaia en su diario. De cara al público, Sofia Tolstaia defendió incansablemente la obra de su marido. En su vida privada, sin embargo, escribía para dar su versión de la historia.

No solo las anotaciones de su diario perfilan su versión alternativa, sino que también lo hace una novela. La escribió en unos cuadernos escolares y, después de barajar muchos títulos (a cada cual más claro), la tituló ¿De quién es la culpa? Su historia sigue el mismo planteamiento, el de un marido consumido por los celos y un matrimonio infeliz, pero desde el prisma de la esposa. La novela no salió del círculo familiar y se quedó comiendo polvo en los archivos hasta los años 90.

Hace unos años, la novela fue recuperada en una edición en inglés por la Universidad de Yale. Ahora, Xordica la ha publicado en castellano, traducida del ruso por Marta Rebón y acompañada por un interesante epílogo que la contextualiza escrito a cuatro manos por la traductora y por Ferran Mateo.

¿De quién es la culpa? es muy interesante como venganza literaria, cierto, y como roman-à-clef que nos permite adentrarnos en la vida privada de la familia Tolstoi, pero también lo es – y mucho – como novela que aborda la vida de una mujer del XIX y como artefacto literario – con peso propio – producido en esa época. Incluso si Sofia Tolstaia no hubiese estado casada con quien estaba casada, la novela merecería una reedición y sería una interesante lectura.

Estar casada con quien estaba casada no era fácil. Los diarios de Sofia Tolstaia, los primeros textos de su producción que han sido recuperados a lo largo de los últimos años para el gran público, lo dejan muy claro. Sofia Berhs era una jovencita cultivada, que hablaba idiomas y que hacía sus primeras incursiones literarias (toda esa producción la quemó antes de casarse), cuando se casó a los 18 años con Lev Tolstoi, mucho mayor que ella y que buscaba en su joven novia una suerte de ideal femenino. Berhs era inocente e ingenua y, en su noche de bodas, tuvo que leer el diario privado de su marido, que buscaba la máxima honestidad pero que la dejó con ello horrorizada.

Durante los años siguientes fue teniendo hijo tras hijo y convirtiéndose en el motor en la sombra de la carrera de su marido (fue copista, traductora, agente, correctora y un sinfín de papeles, además de salvar de las llamas alguno de los manuscritos de su marido). Todo esto fue, por supuesto, un papel secundario e ingrato. Para los seguidores del escritor, de hecho, Sofia Tolstaia era “la mala”. Además de desempeñar todos esos papeles en la vida literaria de su marido, Tolstaia se vio arrastrada por la vida familiar (la pareja tuvo trece hijos) y sus propios intereses literarios se quedaron eclipsados (como le ocurre, por otra parte, a la protagonista de su novela con su carrera como artista).

Anna, la protagonista de ¿De quién es la culpa?, es una clara versión literaria de Sofia Tolstaia, como el príncipe Dmitri, el marido literario, lo es del marido real de la escritora. La novela da así una versión en primera persona de la vida familiar de los Tolstoi (sin olvidar que estamos, eso sí, ante una obra literaria y no biográfica), pero también sobre las situaciones en las que se encontraba una mujer de la alta sociedad en la Rusia del siglo XIX.

No sé qué pensaba Sofia Tolstaia del feminismo y de la lucha por los derechos de la mujer (una pregunta que está lejos de ser anacrónica: el feminismo tiene una larga historia), pero sí que, a propósito o no, le salió una novela muy feminista, que explora las complejidades del desequilibrio en el poder en las relaciones conyugales de su época y el lastre que suponía para las mujeres las expectativas que se tenían sobre qué posición debían ocupar en el mundo.

Foto Sofia Tolstaia escribiendo, vía Wikipedia

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