En los años 30, Stefan Zweig, el escritor austríaco que se había converido en uno de los autores más populares de la Europa de Entreguerras, se encontraba en una situación complicada. El auge de los fascimos había cambiado Europa y el régimen nazi lo había convertido en persona non grata en la literatura en alemán. Zweig tuvo que empezar su peregrinación por diferentes países en el exilio.

En el verano de 1936, Zweig viajó a América, donde iba a dar una serie de conferencias. Su barco salió de Southampton pero, como era habitual en algunos recorridos de las líneas de la época, hizo una parada en Galicia. A pesar de que España estaba sumida ya en la Guerra Civil, el barco en el que viajaba sí hizo su parada habitual en el puerto de Vigo. Y no solo eso: los viajeros pudieron bajar a tierra, lo que le permitió al escritor ver durante unas horas la España del verano del 36.

Sus impresiones, como recordaban en un artículo en GCiencia, las usó en sus memorias, El mundo de ayer. Zweig creía que el barco en el que viajaba iba a evitar el puerto vigués, pero y para su «sorpresa», «entramos en ese puerto e incluso se nos permitió a los viajeros bajar a tierra durante unas horas».

«Vigo se encontraba entonces en poder de los franquistas y lejos del escenario de la guerra propiamente dicha», escribe Zweig, que reconoce que pesar de todo aquellas «pocas horas» le llegaron para reflexionar y angustiarse por la situación. Lo que vio paseando por la ciudad le recordó a lo que antes había visto en Italia y en Alemania y le lleva a ver el futuro de un modo muy pesimista. Las masas de jóvenes campesinos con las que se encontró en una plaza de Vigo y que se estaban convirtiendo en soldados funcionó como un aviso de «lo que nos esperaba, lo que amenazaba a Europa».

Foto Wikipedia

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