ada o el ardorAviso ya que no voy a ser objetiva, porque este es un libro al que le tengo mucho cariño, probablemente, al que le tenga más de todos. ‘Ada o el ardor es principalmente una novela de amor, de un amor intenso y feliz como deberían serlo todos, pero tratándose de Nabokov, por supuesto, estamos ante mucho más: crónica familiar, historia de incesto, tratado filosófico, compendio de bellas anécdotas y juegos de palabras que a veces ni entendemos bien por qué están ahí, ni nos importa. Nabokov crea un mundo propio, autónomo, lleno de belleza, lleno de sutilidad, lleno de detalles que nos pellizcan. No soy yo muy esteticista formalmente hablando, pero este libro es tan cuidado, tan lúdico, tan bonito que hay que celebrarlo.

«Van fue considerado digno de ser iniciado en el pequeño sistema de sabiduría creado por Ada. Y en efecto lo fue, cuando apenas llevaba una semana en Ardis. Aquella filosofía presentaba la vida del ser humano como compuesta por cierto número de elementos o «cosas», clasificadas y jerarquizadas: las «cosas verdaderas», poco frecuentes y de un valor inestimable, las simples «cosas», que formaban el tejido rutinario de la vida; y las «cosas fantasmas», también llamadas «nieblas» como la fiebre, el dolor de muelas, las horribles decepciones, la muerte. Si tres o cuatro «cosas» acontecían simultáneamente formaban una «torre», y, si se sucedían de manera inmediata, constituían un «puente». Las «torres verdaderas» y los «puentes verdaderos» integraban la sustancia gozosa de la vida, y cuando las torres se presentaban en serie uno llegaba a experimentar el éxtasis supremo; pero esto no sucedía casi nunca. En determinadas circunstancias, y a una cierta luz, una simple «cosa» podía parecer, e incluso llegar a ser, una «cosa verdadera». Y también al contrario, podía coagularse en «niebla» fétida. Cuando la alegría y la ausencia de alegría formaban una mezcla (bien simultáneamente, bien escalonada en la pendiente de la duración), el resultado era una «torre en ruinas» o un «puente roto».