Alice Munro se acaba de hacer con el Premio Nobel de Literatura. La escritora canadiense ha conseguido atraer (todavía más) la atención del público. Es el efecto que tienen los grandes premios literarios: en el momento en el que un escritor se hace con uno de esos galardones, los lectores se lanzan a por su obra. Los diferentes títulos de la bibliografía de Munro se encuentran ahora, por ejemplo (y es un buen medidor del interés despertado), en los primeros puestos de la lista de ebooks más vendidos de Amazon.es. Recuperamos el fragmento inicial de Demasiada felicidad de Alice Munro, en nuestro libro de la semana. 

«Doree tenía que coger tres autobuses, uno hasta Kincardine, donde esperaba el de London, donde volvía a esperar el autobús urbano que la llevaba a las instalaciones. Empezaba la excursión el domingo a las nueve de la mañana. Debido a los ratos de espera entre un autobús y otro eran casi las dos de la tarde cuando había recorrido los ciento sesenta y pocos kilómetros. Sentarse en los autobuses o en las terminales no le importaba. Su trabajo cotidiano no era de los de estar sentada.

Era camarera del Blue Spruce Inn. Fregaba baños, hacía y deshacía camas, pasaba la aspiradora por las alfombras y limpiaba espejos. Le gustaba el trabajo, le mantenía la cabeza ocupada hasta cierto punto y acababa tan agotada que por la noche podía dormir. Rara vez se encontraba con un auténtico desastre, aunque algunas de las mujeres con las que trabajaba contaban historias de las que ponen los pelos de punta. Esas mujeres eran mayores que ella y pensaban que Doree debía intentar mejorar un poco. Le decían que debía prepararse para un trabajo cara al público mientras fuera joven y tuviera buena presencia. Pero ella se conformaba con lo que hacía. No quería tener que hablar con la gente».

(Un extracto más completo aquí)