Desgracia CoetzeeDesgracia es, para muchos, la mejor obra del escritor sudafricano, ganador del premio Nobel de literatura en 2003, John Maxwell Coetzee. Es, eso sí, una obra dura, implacable, que te deja un regusto amargo. El protagonista es un profesor universitario que es acusado de abusar de una alumna. Decide abandonar la ciudad y visitar la granja de su hija, donde su ironía, su escepticismo, su orgullo, no podrán protegerle del dolor de la incomunicación y la violencia.

«La primera vez que lo recibió, Soraya llevaba pintalabios de color bermellón y sombra de ojos muy marcada. Como no le gustaba ese maquillaje pegajoso, le pidió que se lo quitara. Ella obedeció; desde entonces, no ha vuelto a maquillarse. Es de esas personas que aprenden rápido, que se acomodan, se amoldan a los deseos ajenos.

A él le agrada hacerle regalos. Por Año Nuevo le regaló un brazalete esmaltado; por el festejo con que concluye el Ramadán, una pequeña garza de malaquita que le llamó la atención en el escaparate de una tienda de regalos. Él disfruta con la alegría de ella, una alegría sin afectación.

Le sorprende que una hora y media por semana en compañía de una mujer le baste para sentirse feliz, a él, que antes creía necesitar una esposa, un hogar, un matrimonio. En fin de cuentas, sus necesidades resultan ser muy sencillas, livianas y pasajeras, como las de una mariposa. No hay emociones, o no hay ninguna salvo las más difíciles de adivinar: un bajo continuo de satisfacción, como el runrún del tráfico que arrulla al habitante de la ciudad hasta que se adormece, o como el silencio de la noche para los habitantes del campo».