Hablando del asuntoEn Librópatas somos bastante fans de Julian Barnes, especialmente cuando se pone tan divertido como en ‘Hablando del asunto‘. Vale, en realidad un triángulo amoroso es siempre un drama, pero uno que puede dar mucho juego a la ironía. Especialmente cuando te lo cuentan a ti, directamente, los propios personajes, dos amigos y la mujer de uno de ellos, todos palpables, todos creíbles, todos igualmente cansinos e igualmente adorables. Todos conscientes de que su vida se ha convertido en un vodevil, pero que no por ello la viven con menos humanidad. Todos autojustificándose, dándote su versión de la historia, suplicándote que los creas.

«Y allí, a mi lado, estaba el gordezuelo, plácido y eróticamente agotado Stuart, con un aire tan condenadamente… dichoso, fingiendo que le agradaba que hubiese ido al aeropuerto y probablemente pensando en cómo iba a pedir que le devolviesen la mitad no utilizada de sus billetes de ida y vuelta de Gatwick a Victoria. Stuart, se lo advierto, puede ser un pesetero de categoría. Cuando se va al extranjero siempre compra un billete de ida y vuelta al aeropuerto: a) porque piensa que eso le ahorrará tres milisegundos en dos semanas; b) porque sabe que volverá, y c) por si las tarifas suben entretanto. Oliver siempre compra billete de ida. ¿Quién puede predecir que una reina del carnaval brasileño no se cruzará en su camino? ¿A quién le importa la posible cola el sábado de la semana siguiente en el guichet de Gatwick? Una vez leí en el periódico el caso de un hombre que se tiró al metro. En la investigación dijeron que probablemente no había tenido intención se suicidarse porque tenía un billete de ida y vuelta en el bolsillo. Bueno, discúlpeme, señoría, hay otras explicaciones. Puede que hubiese comprado un billete de ida y vuelta porque sabía que insertando una chispa de duda aliviaría los sentimientos de sus allegados. Otra posibilidad es que fuese Stuart. Si Stuart decidiese concederle a un conductor de metro seis semanas de compasivo permiso, o las que sean, compraría un billete de ida y vuelta. Porque pensaría, ¿y si no me mato? ¿Y si decido no hacerlo en el último minuto? Imagínate esas espantosas colas delante de las máquinas expendedoras de billetes de Tottenham Court Road. Sí, sacaré un billete de vuelta por si acaso».