La dama y los laurelesLa dama y los laureles‘ es una de esas novelitas inglesas que bien podría pasar desapercibida. Tiene menos de 90 páginas, fue escrita a principios del siglo pasado (pero no fue traducida al castellano hasta ahora), y el autor es un desconocido Leonard Merrick, del que leemos en la contraportada que tampoco es que tuviera muchísimo éxito en su época (aunque autores de la talla de Virginia Woolf o George Orwell eran fans). Por eso hay que agradecerle a Ardicia la recuperación de esta (y tantas otras) pequeña y original joya: un relato muy sencillo pero ejecutado irónica y eficazmente, sobre un perdedor, pusilánime y enfermo, que se convierte en el hombre más feliz del mundo.

«En realidad, la consecuencia de que Willy Childers fuera a ver a Rosa Duchêne era de esperar: la pólvora se había encontrado con la mecha, y solo podía ocurrir una cosa… Un poeta -poco importa que no fuera más que un aspirante- que había estado reconcomiéndose en los campos de diamantes, se vio por primera vez en su vida ante una mujer hermosa, que era, además, un prodigio. Cuando cayó el telón y el público se puso en pie para vitorearla, Willy no hizo lo propio; se quedo sentado, sufriendo unos temblores histéricos. Estaba devastado por la escena de muerte que había presenciado; sentía la agonía del llanto del amante en su propio ser. Quería vagar a solas, alejarse de allí. La compañía de Sheperd era una tortura, y pensó que habría dado cualquier cosa en este mundo por tener derecho a ir a verla y expresarle entre tartamudeos lo que le había hecho sentir».