La Perla‘ es una novela corta de John Steila perlanbeck, una obra a menudo a la sombra de sus grandes clásicos como ‘Las uvas de la ira’ o ‘De ratones y hombres’, y que muchos ningunean por su estructura sencilla, por su maniqueísmo, por su discurso de fatalidad casi cósmica (y porque en muchas ediciones aparece en colecciones juveniles). En realidad, sus debilidades son también sus fortalezas, y es gracias a esa historia a priori básica sobre una pareja a la que le cambia la vida el encontrar una enorme perla, que conecta de forma automática y visceral con algo dentro de nosotros. A eso, y a la mezcla de una prosa trepidante y a la vez repleta de lirismo.

«Juana puso a Coyotito sobre la manta y lo cubrió con su chal para que no le diera el sol. Estaba muy quietecito ahora, pero la inflamación de su hombro había proseguido cuello arriba hasta la oreja y tenía toda la cara enrojecida y con aspecto febril.

Juana entró unos pasos en el agua y recogió un puñado de broza submarina, hizo con ella una pelota y la aplicó en el hombro de su hijo, remedio tan bueno como cualquier otro y probablemente mejor que el que el doctor había prescrito. Sólo tenía el inconveniente de ser demasiado sencillo y de no costar nada. Los dolores de estómago no habían empezado aún. Acaso Juana había sorbido el veneno a tiempo, pero no así sus preocupaciones por su primogénito. Mas no había rogado por la curación directa de su hijo, sino porque le fuera posible hallar una perla con la que pagar al doctor por la curación del niño, ya que la mentalidad del pueblo es tan insustancial como los espejismos del Golfo».