los restos del díaSi aún no has leídoLos restos del día‘ de Kazuo Ishiguro, deberías. Yo no lo hice hasta hace unas semanas y me arrepentí de haber esperado tanto (de hecho puedes leer mi entusiasta reseña). La novela trata de un mayordomo inglés que emprende un viaje (por primera vez en su vida) para visitar a una ex ama de llaves que había trabajado con él. Esta es la excusa para, de una forma sutil y delicada, contarnos qué ocurre cuando uno descubre que se ha pasado la vida mintiéndose a sí mismo.

Pero para ir abriendo boca, y para que no creas que con ver la peli llega, aquí tienes un pequeño fragmento: «Nunca he tenido tiempo ni ganas de leer de cabo a rabo una de esas novelas; sé que la trama siempre era absurda, sólo historias pasionales, y de no haber sido por la utilidad que, como ya he dicho, tenían para mí, no habría desperdiciado ni un solo minuto en estos libros. Debo confesar sin embargo, y no me importa decirlo ni creo que deba avergonzarme, que en ocasiones estas historias me divertían. Quizá en aquella época me empeñaba en no reconocerlo pero, como ya digo, no veo motivo para avergonzarme. ¿Qué hay de malo en que uno se divierta leyendo historias de damas y caballeros que se enamoran y declaran mutuamente sus sentimiento, empleando frases, a veces, de lo más elegante?

No quiero decir con ello que mi actitud la noche que ocurrió lo del libro no esté justificada. Deben comprender que en aquella ocasión estaba en juego una importante cuestión de principios. Se trataba de que en aquel momento en que miss Kenton irrumpió tan resueltamente en mi despensa, yo me encontraba «fuera de servicio». Evidentemente, un mayordomo orgulloso de su profesión, que aspira a mantener a toda costa «la dignidad propia de su condición», como antaño postulaba la Hayes Society, nunca puede permitirse el lujo de estar «fuera de servicio» en presencia de otra persona».