medio sol amarilloDe ‘Medio sol amarillo‘ hemos hablado ya largo y tendido. Pero es que nos encanta la escritura de Chimamanda Ngozi Adichie, suave, lúcida, intensa. También nos gusta que nos hable de cosas de las que sabemos muy poco, en este caso, de la guerra de Biafra, tres años en los que la región sudoriental de Nigeria fue un país independiente (aunque reconocido por nadie). Pero como mejor que explicar es mostrar, aquí tienes un fragmento de la novela.

«Aquella noche, mientras descansaba en la cama de sus tíos, Olanna observó a Arize a través de la cortina traslúcida que colgaba de una cuerda sujeta a la pared con clavos. La cuerda no estaba tensa y la cortina se combaba en el centro. Mientras seguía con la mirada la respiración de la chica, se preguntaba cómo se habrían criado ella y sus hermanos, Odinchezo y Ekene, viendo a sus padres a través de aquella cortina, oyendo los sonidos que a oídos de un niño podrían parecer de inquietante dolor y contemplando las caderas de su padre moverse arriba y abajo mientras su madre se aferraba a él. Olanna nunca había oído a sus padres hacer el amor, ni había notado nada que le sugiriera que lo hacían; claro que sus dormitorios siempre habían estado separados por un pasillo que cada vez que cambiaban de residencia resultaba ser más largo y alfombrado. Cuando se trasladaron a la casa actual, de diez habitaciones, sus padres eligieron por primera vez dormitorios separados. «Me hace falta el armario entero; además, será agradable recibir visitas de tu padre», había dicho su madre, pero a Olanna la risita infantil le había sonado falsa. La artificiosidad de la relación de sus padres se le hacía más insoportable y vergonzosa cuando se encontraba en Kano».