Un detalle de la cubierta del libro: retrato ilustrado de Alice B. Sheldon

Antes de 1977, se publicaron en España el 78% de todos los textos que James Tiptree Jr había publicado originalmente en inglés. Desde de esa fecha, las traducciones de Tiptree cayeron y solo salieron en castellano el 30%. El dato nos lo cuentan como “curiosidad” en la introducción a Una mirada a Alice B. Sheldon, de James Tiptree Jr., que acaba de publicar Crononauta.

En 1977, se había desvelado el gran secreto de Tiptree. Quizás, eso nos explique por qué el flujo de las traducciones cayó en picado… El escritor de ciencia ficción era en realidad una escritora, Alice B. Sheldon, que se ocultaba bajo un nombre masculino. Hasta entonces no había desvelado qué era una mujer, aunque sí había dado datos biográficos reales.

Todo lo que se sabía de Tiptree – que había estado en el ejército o trabajado para la CIA y que tenía formación en psicología – eran en realidad datos biográficos de Sheldon. Cuando murió su madre, alguien ató cabos y unió la identidad real y la literaria, destapándola. No había internet, pero poco importó. La noticia se expandió rápidamente por el mundo de la ciencia ficción estadounidense y el secreto de Tiptree se desveló.

Y, aunque escribir bajo pseudónimo (y hacerlo con un nombre masculino siendo una escritora) no es nada extraño en la historia de la literatura, la visión que se tenía del trabajo de Sheldon y de su persona cambió, por mucho que lo que hubiese contado sobre su biografía fuese real.

“Llegué a la ciencia ficción siendo hombre; es decir, con un seudónimo masculino que resultó tan realista que hasta mi agente, Bob Mills, creía que era un hombre”, escribe Sheldon en los años 80, cuando su identidad había sido ya desvelada.

Según apunta Sheldon, dos razones fueron las que le empujaron a escoger una identidad masculina. La primera estuvo vinculada con su carrera como académica en psicología, ya que no quería que asociasen su trayectoria profesional en un terreno y en el otro (y que no pesasen en su carrera en la universidad los prejuicios sobre la ciencia-ficción). La segunda es el hecho de que pensaba que no se iban a vender las historias que envió por primera vez para su publicación, así que escogió un nombre cualquiera. James le parecía un “nombre inocuo” y Tiptree era en realidad la marca de una mermelada.

Así creó su identidad alternativa. “Pensé que era un chiste muy bueno”, escribe sobre lo que pasó cuando vendió sus primeras historias y se quedó como James Tiptree Jr, “y disfruté mucho de mi anonimato (soy solitaria y me da miedo conocer a la gente, excepto por escrito)”. Su identidad secreta literaria le daba libertad, aunque creo otra identidad con un pseudónimo femenino (Racoona Sheldon) para escribir ciertas historias sobre violencia y mujeres con las que no se sentía cómoda con su identidad literaria masculina.

Durante los 70, Tiptree/Sheldon escribió muchas historias (en el prólogo de la edición de Crononauta explican también que usar un pseudónimo masculino le dio libertad a un nivel más personal: le permitió ser imperfecta como autora y hasta explorar el deseo sexual sin lastres sobre lo que sentía y sus creencias interiorizadas sobre el lesbianismo, que chocaban con esos deseos). Cuando su nombre real fue desvelado, para Sheldon, que además acababa de perder a su madre, fue un duro golpe. “Aquello me destrozó”, reconoce en el breve ensayo que escribió sobre la escritura en los 80. “Habían invadido mi mundo secreto y se descubrió la atractiva figura de Tiptree era tan solo una señora mayor de Virginia”, apunta.

“Sentí que no podría volver a escribir”, había indicado antes en el mismo párrafo. Algunos escritores hombres que habían sido sus amigos y admiradores de su obra adquirieron de pronto un tono paternalista en sus conversaciones con ella, explica. Después de saberse la verdad, no ganó ni un solo Hugo ni un Nébula más.

Cubierta del libro de Crononauta

Esta reflexión sobre lo que ocurrió cuando se destapó quién se ocultaba bajo el pseudónimo es el material del breve ensayo Una mujer escribiendo ciencia ficción, que se publicó en una antología en los años 80, poco después de la muerte de Sheldon y que ahora Crononauta usa para cerrar el volumen que acaban de publicar.

Una mirada a Alice B. Sheldon, de James Tiptree Jr., recoge una selección de historias cortas de la escritora, las más destacadas, y que funcionan como una puerta de entrada perfecta para quienes no conocíamos su trayectoria o no leemos habitualmente ciencia-ficción (aunque también funcionarán para el público lector habitual del género). Algunas de las historias publicadas no habían sido traducidas antes en España.

Crononauta ha respetado, además, las recomendaciones de Sheldon sobre cómo deberían ser publicadas algunas de esas historias en términos de uso de tipografías.

La ciencia ficción es la literatura de las ideas y yo soy, a mi parecer, una escritora de ideas”, creía Sheldon, lo que bien vale como punto de clausura.

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