gretna green

Existe un lugar en Escocia que es el recurso al que echaban mano los escritores del siglo XIX de la literatura inglesa (y al que echan ahora mano los autores de romántica cuando quieren empujar a sus personajes a un casamiento apurado): se llama Gretna Green y era (y aún es, más o menos) el Las Vegas de Gran Bretaña. Allí iban los novios necesitados de una boda rápida (y a allí le prometían a las jovencitas deshonradas que irían sus burladores en las novelas con personajes más desgraciados), que no podía realizarse en el resto del país porque las leyes eran diferentes. Gretna Green se convirtió así en el lugar de peregrinaje de los matrimonios desiguales, de los enamorados a la fuga y en el as en la manga al que podían echar mano los escritores.

Hasta Jane Austen echó mano de Gretna Green: Lydia Bennet planea fugarse a Gretna Green con George Wickham y en una de sus obras menos conocidas, Love and Freindship (una historia de juventud escrita por Jane Austen cuando era aún una adolescente), también hay enamorados que escapan a Gretna Green para poder casarse.

En la actualidad, como publicaba no hace mucho la BBC, aún se siguen celebrando de forma masiva matrimonios en Gretna Green. Cada año se casan unas 5.000 parejas en la localidad, lo que no deja de ser impresionante si se tiene en cuenta que allí solo viven 2.700 personas.

Gretna Green se convirtió en el paraíso del turismo nupcial gracias a un cambio de ley del siglo XVIII y al hecho de que la costumbre escocesa fuese diferente a la inglesa. Una ley inglesa estableció en 1754 que los jóvenes solo se podían casar si eran menores de 21 años si tenían el permiso de sus padres, algo que impedía a todas esas parejas desiguales casarse. La ley escocesa seguía siendo como había sido siempre y cualquiera podía casarse si tenía más de 12 años (ella) o 14 (él), sin que los padres pudiesen oponer resistencia. Así que para casarse, los enamorados ingleses solo tenían que cruzar la frontera entre Escocia e Inglaterra y Gretna Green era el primer punto que se encontraban.Fugarse a Gretna Green se convirtió en tendencia (y los escritores tendrían que haber dado las gracias por el estupendo material para sus historias que les acababan de crear).

Los matrimonios se convirtieron en un negocio boyante y el pueblo se lanzó a celebrar bodas y más bodas. Por casar, casaban hasta en las herrerías. Hay que tener en cuenta que los novios a la fuga solían ser rápidamente perseguidos por los familiares descontentos con un matrimonio desigual, así que había que darse prisa para que todo quedase bien atado antes de que los descubrieran.

Y aunque ahora fugarse para casarse ya no es necesario, casarse en Gretna Green sigue teniendo cierto toque literario.

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