Harper Lee en el rodaje de Matar a un ruiseñor

Triste noticia de última hora en el universo literario: Harper Lee, la autora estadounidense que firmó Matar a un ruiseñor (una de esas novelas que han hecho historia), acaba de fallecer, como publican los medios estadounidenses. La autora tenía 89 años.

Su fallecimiento ha sido confirmado por Mary Jackson, una trabajadora municipal de la localidad en la que vivía, al The New York Times. Por el momento no se sabe cuándo exactamente ha muerto la escritora (aunque lo cierto es que el cuándo de forma exacta y concreta no es tan relevante). La noticia fue primero destapada por una cabecera online, que recogía que varias fuentes de Monroeville, la localidad sureña en la que vivía la escritora, hablaban del fallecimiento de la autora. La salud de Lee no era muy buena. Además de su avanzada edad, la escritora había sufrido un infarto hace unos años.

En estos últimos años, Lee vivía en una residencia para ancianos, apartada del ruido del mundillo literario (algo que, por otra parte, llevaba haciendo prácticamente desde que su novela se convirtió en un gran éxito).

En los últimos meses, Harper Lee había vuelto a protagonizar titulares y a convertirse en material de noticia literaria por varias razones. La autora había sido (hasta ese momento) una de esas escritoras que había publicado lo que se conoce como un ‘one hit wonder‘, ya que tras la aparición en los 60 de Matar a un ruiseñor no había vuelto a publicar ninguna novela. Su único éxito, una novela que se ha convertido en uno de los libros canónicos en Estados Unidos, le reportaba, sin embargo, muchos y buenos réditos. Solo con ese libro ingresaba unos 9.000 dólares al día.

Que Harper Lee no hubiese publicado más no significa que no hubiese escrito más: el propio Matar a un ruiseñor no era más que la versión segunda de una novela que Lee había escrito y que su editor le había recomendado redirigir y recentrar. El manuscrito de esta primera versión fue encontrado, tras haber estado traspapelado, a principios de 2015. La escritora autorizó que se publicase esta novela, Ven y pon un centinela, y la historia se convirtió en la gran noticia editorial del año. Las editoriales de todo el mundo tuvieron que pelear con uñas y dientes por hacerse con los derechos de la historia. La novela se publicó en muchos países, aunque las malas críticas y las quejas de los lectores fueron bastantes ya que se decía que la novela desvirtuaba a los personajes de Matar a un ruiseñor y que, además, si el editor original no la había publicado era por algo.