Flannery O Connor

Flannery O’Connor es una de las más características representantes del gótico sureño. Se conoce con ese nombre el estilo de autores tan dispares como William Faulkner, Carson McCullers, o Cormac McCarthy (además de la propia O’Connor), que además de ser del Sur de Estados Unidos, ambientan allí sus textos, que siempre se ven recorridos, a pesar de su apariencia realista, por lo grotesco, lo macabro, lo irracional. Nos pone ante un tipo de situaciones que nos fascinan y nos horrorizan a partes iguales.

Y siendo ella una de las más dignas representantes del saber hacer sureño, parece lógico que  tuviera su propia opinión sobre esa denominación a la que a menudo se unía el calificativo ‘Freak’. De hecho, tiene incluso un interesante ensayo sobre el tema, ‘Some Aspects of the Grotesque in Southern Fiction’, escrito en 1960, y que hoy se puede leer al completo online.

Explica, por ejemplo: «Cuando nos fijamos en buena parte de la ficción moderna seria y especialmente, en la ficción sureña, encontramos este tipo de estilo que es definido generalmente, de modo peyorativo, como grotesco. Por supuesto, me he dado cuenta de que todo lo que sale del Sur es calificado como grotesco por parte del lector del Norte, excepto cuando realmente se encuentra ante un texto grotesco, que dirá que es realista. Pero en esta ocasión dejaremos esos problemas de concepto aparte para considerar el tipo de ficción que merece el calificativo de grotesca, porque esa es la intención del autor.

En estas obras grotescas observamos que el autor insufla vida a experiencias que no estamos acostumbrados a ver cada día, o que el hombre corriente puede no experimentar nunca en su vida cotidiana. Encontramos que las conexiones que uno esperaría del realismo normal han sido ignorados, hay saltos extraños y vacíos que cualquier que trate de describir usos y costumbres no habría dejado. Sin embargo, los personajes tienen una coherencia interna, aunque no siempre una coherencia respecto a su contexto social. Este tipo de ficción te lleva lejos de patrones sociales típicos, hacia lo misterioso y lo inesperado. Es de este tipo de realismo del que quiero hablar.

Todos los novelistas buscan y describen lo real, pero el realismo de cada novelista dependerá de su punto de vista sobre los confines últimos de la realidad.»

O «Siempre que me preguntan por qué los escritores sureños en particular tendemos a escribir sobre monstruos [ella utiliza la palabra freaks] yo digo que es porque aún tenemos la capacidad de reconocerlos. Para poder reconocer un monstruo necesitas tener una concepción del hombre en su totalidad, y en el Sur, la concepción general del hombre sigue siendo, en gran parte, teológica. Esa es una declaración atrevida, y es peligroso hacerla, pues casi todo lo que uno diga sobre las creencias sureñas puede ser rebatido en el renglón siguiente con la misma propiedad. Pero, abordando el tema desde el punto de vista del escritor, creo que no me equivoco al decir que, si bien el Sur apenas es Cristo-céntrico, sí es ciertamente Cristo-obsesivo. El sureño, que no está convencido de ello, tiene mucho miedo de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios. Los fantasmas pueden ser orgullosos e instructivos. Ellos proyectan sombras extrañas, sobre todo en nuestra literatura. En cualquier caso, es cuando el monstruo se percibe como una figura esencial para dislocarnos, que alcanza cierta profundidad en la literatura».