Marcela de Juan en una foto de prensa de los años 30

La biografía de Marcela de Juan es una de esas que, si te la cuentan en una novela o en una serie, piensas que se les ha ido de las manos a las personas que las han escrito. A nadie le pasan tantas cosas, te dirías, menuda historia más poco realista. Y, sin embargo, todo lo que le pasó a Marcela de Juan, traductora, escritora, periodista ocasional y editora de textos (su trabajo es clave para la introducción en España de la literatura china) es real.

Cuando los padres de Marcela de Juan se conocieron, ninguno hablaba el idioma del otro. Su madre era una viuda belga, que había venido a pasar el verano a España a casa de su hermano, corresponsal de prensa, y su padre un diplomático chino que hablaba español pero no francés y que formaba parte de la legación del Imperio Chino en Madrid. Se conocieron durante el veraneo en San Sebastián y se prometieron vía intérprete.

Los padres de Marcela de Juan | Foto La Línea del Horizonte

El padre de Marcela de Juan había tomado la decisión de casarse, porque había llegado ya a una edad (los treinta) en la que era raro no estar casado.  “La primera vez me casé por amor y fui muy desgraciada; la segunda vez me casé por conveniencia y fui muy feliz”, le diría luego a sus hijas la madre.

Del matrimonio llegaron a la edad adulta dos hijas, Nadine, la hija mayor y nacida en Madrid, y Marcela, la pequeña y nacida en La Habana en 1905 durante un breve período que su padre estuvo destacado en Cuba. Cuando Marcela tenía ocho meses, la familia volvió a Madrid y allí pasaría su infancia, en el Madrid de Alfonso XIII. Marcela de Juan es como se españolizó su nombre (Ma Ce) y su apellido (Hwang). Será el nombre que usará luego en su vida en España.

La vida de Nadine y Marcela de Juan cambió cuando estaban a punto de entrar en la adolescencia. Su padre fue llamado de vuelta a China y toda la familia abandonó España para vivir en Pekín. Esa experiencia en la China de los años 20 y finales de la década de los 10 es la que Marcela de Juan retrata en La China que viví y entreví, que publicó a finales de los años 70, cuando ya llevaba mucho tiempo viviendo de nuevo en España, y que ha recuperado ahora La Línea del Horizonte.  

En una China que no conocía y en la que nunca había vivido, Marcela de Juan descubrió la cultura china, el idioma (a pesar de que su padre le decía que nunca le iba a valer de mucho) y vivió en primera persona un momento de cambios históricos en el país. También, o al menos eso es lo que ella cuenta en sus recuerdos, descubrió el racismo en el viaje de ida, cuando la compañía transatlántica en la que habían comprado sus billetes de primera no dejaba más que a su madre – por ser la ‘única’ europea – ocupar su camarote.

Los recuerdos que hilvana Marcela de Juan son fascinantes, tanto por lo que cuenta sobre la China de ese momento – lo que ella posiblemente consideraba que más nos podía interesar a quienes la leíamos – como por lo que explica sobre su vida personal – lo que fascina ahora a quienes la leemos. Marcela de Juan es una moderna de principios de siglo, que hace un montón de cosas y está metida en muchísimas más (su hermana Nadine es todavía más una moderna de los años 20 y su biografía es incluso más impresionante que la de Marcela: fue coronel del ejército chino, fue trotamundos y sobrevivió al campo de concentración de Ravensbrück).

En China desempeñará diferentes trabajos, para ayudar económicamente a la familia. No volverá a España hasta finales de la década, cuando tras morir su padre decide volver al lugar en el que creció. Emprende un largo viaje en barco (sola: su madre estaba tan preocupada que le pidió a un diplomático brasileño que la cuidase, pero Marcela de Juan hizo lo que quiso) hasta Francia, desde donde llegará a Segovia, donde vive su tío (y se convertirá en la más popular de las fiestas gracias a sus looks tradicionales chinos).  

Otra de las fotos en prensa de Marcela de Juan en los años 30

Marcela de Juan vive en el Madrid de finales de los años 20 y de los 30. La hemeroteca la muestra dando conferencias entre 1929 y 1931 sobre la vida y el arte chinos. También firma artículos esos años en prensa. Estampa incluye en los años 30 una foto suya y la presenta como «nuestra colaboradora» y La Voz incluye un «reportaje del momento» firmado por De Juan en el que entrevista a la mujer del embajador de España en Reino Unido, Mabel, casada con el escritor Ramón Pérez de Ayala. En 1934, publica su primer libro sobre China.

En los años 30 se casará con un hombre al que conoce en un viaje en coche – ella misma lo cuenta en su libro – de una manera digna de una de las comedias románticas de enredos de la época. Su marido muere en 1941, pero Marcela de Juan nunca dejará ya España.

En la España de la posguerra, su nombre aparece en breves sobre conferencias, actos vinculados a la iglesia católica y sus monjas que se marchan a China y en diferentes actividades empresariales, ya que durante esas décadas Marcela de Juan trabajó como traductora profesional y como experta en China. También estuvo muy conectada con la vida social: no puedo leerla porque la Hemeroteca Digital de la BNE no lo permite libremente, pero su nombre arroja múltiples resultados vinculados a la revista ¡Hola! de esos años.

El trabajo de Marcela de Juan como traductora servirá para traer a España cuentos y poemas tradicionales chinos, pero también será clave en el movimiento asociativo del sector. Marcela de Juan es una de las cofundadoras de la primera asociación profesional de traducción.

Sea como sea, su trayectoria es fascinante (y nada mejor que leer La China que viví y entreví para descubrirlo) y digna de que alguien la recupere en alguna biografía o película. Marcela de Juan murió a principios de los años 80.