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Las matrículas de honor no significan nada cuando se quiere pasar a la historia, al menos si se quiere pasar a la historia como un genio. Ya vimos, en las notas del colegio de algunos escritores, que dejar los estudios o ser tachado de no muy hábil por los profesores no siempre implica que no se vaya a conseguir una carrera esplendorosa en el terreno de las letras. A las hermanas Brontë, por cierto, les pasó lo mismo. Bien conocida es la historia del paso de Emily Brontë por una escuela en Bruselas, cuando sus responsables dejaron claro que no participaba nunca, aunque daban por hecho que era una persona brillante. Menos conocidas son las terribles notas que las hermanas Brontë cosecharon  en la Clergy Daughters’ School de Cowan Bridge.

Las notas fueron publicadas en una revista a principios del siglo XX (cuando ya las Brontë eran material de adoración) y ahora acaban de ser rescatadas en internet. Las notas corresponden a las cuatro hermanas Brontë de mayor edad (es decir, no Anne Brontë) que fueron enviadas por su padre Patrick Brontë a esta escuela tras la muerte de su madre. Marie, Elizabeth, Charlotte y Emily tenían, respectivamente, 10, 9, 8 y poco menos de 6 años y nunca antes habían ido a la escuela (aunque, como sabemos, su educación había sido cuidada por su padre en casa). Las dos mayores acabarán falleciendo víctimas de la enfermedad atrapada en el colegio.

Según las notas de sus profesores, las hermanas son ignorantes de forma sistemática y además son irregulares en su manejo de la aguja (y ya se sabe que saber coser era un punto básico en la formación femenina del siglo XIX). Pero, lo más impactante, es que Charlotte les parece que escribe de forma «indiferente». Sobre Charlotte Brontë añaden que, aunque es inteligente, tiene conocimientos escasos en prácticamente todas las materias. Emily Brontë es incluso más joven, puesto que aún no había cumplido los 6 años, pero a sus profesores les parece que trabaja poco. Sobre las dos otras hermanas, los comentarios van en más o menos la misma línea. Elizabeth Brontë, de 9 años, lee un poco, aunque escribe muy bien, y es mala en los labores de aguja. Marie Brontë, la mayor, «lee de forma tolerable».

Las observaciones de los profesores tendrían su venganza, puesto que Charlotte Brontë las usaría como material para crear la escuela de Lowood en Jane Eyre.