Nos encanta cotillear en las rutinas de los escritores, investigar cómo vivían, cómo trabajaban, cuánto dormían, cuáles eran sus hábitos diarios. Quizá simplemente queramos conocer mejor a nuestros héroes, o puede que al compararnos con ellos, saquemos alguna conclusión que, llevada la práctica, nos convierta también a nosotros en gente creativa (y exitosa).

Lo primero que destaca si echamos un ojo a esa gente creativa, es que mucho no trabajaban (en otras cosas que no fueran su trabajo creativo, quiero decir).  Lo puedes ver en esta fantástica infografía de Podio que nos explica qué y cuántas horas dedicaban escritores, músicos, pintores, científicos y otros artistas a dormir, crear, comer y pasarlo bien, hacer deporte o trabajar en más prosaicos asuntos.  Puedes completar la información echando un ojo al post en el que hablábamos de la hora de levantarse de diversos escritores (y como eso se relacionaba con su obra).

Aprendemos cosas como que Voltaire era un trabajador nato y John Milton más bien vago. Si tengo que elegir (y sin contar con Flannery O’Connor que probablemente se pasaba 11 horas al día sin hacer nada por culpa de su enfermedad), creo que Charles Dickens se lo montaba bastante bien. Dormía se doce a seis de la mañana (yo lo haría una horita más, eso sí), de siete a ocho desayunaba y descansaba un poco, de ocho a una trabajaba, después hacía ejercicio, y de cuatro de la tarde a doce se dedicaba a divertirse. No está nada mal.