¿Tienes una idea maravillosa para una novela, pero no das encontrado el momento para sentarte a escribirla? No te preocupes: ha empezado noviembre y tienes la excusa perfecta para dejar de procrastinar y lanzarte a la escritura. Noviembre es el mes de NaNoWriMo.

NaNoWriMo es un acrónimo, el que se forma en inglés a partir de National Novel Writing Month (mes nacional para escribir una novela). La iniciativa la puso en marcha hace años ya una organización sin ánimo de lucro estadounidense, pero funciona ya como un reclamo literario global. Cada año y cada noviembre, personas de todo el mundo aprovechan el período para centrarse en sus textos.

El objetivo común para todos los participantes es del haber llegado a la medianoche del 30 de noviembre con un mínimo de 50.000 palabras escritas, la cifra media que suele tener una novela corta. Si te registras en su web puedes llevar una suerte de contador oficial de palabras escritas y conseguir así un elemento motivador extra.

Para alcanzar el objetivo que marca el reto, hay que escribir 1667 palabras cada día (o, si hablamos en páginas de un documento Word, son sobre unas cuatro páginas diarias), que es el ritmo que permitirá completar el objetivo final.

Apuntarse al NaNoWriMo no implica recibir un premio final, una certificación o la certeza de un contrato editorial. Nada más lejos. La iniciativa simplemente quiere motivar a la escritura y lo logra, porque quienes participan sienten que están acompañados y cuentan con un deadline claro que impulsa el trabajo. De hecho, la proclama de base de los creadores es la de que esto funciona para «ayudar a la gente a convertir la creatividad en una prioridad, y para hacer hincapié en el hecho de que las historias de ficción nos conectan a unos con otros»,

Lograr completar el reto de escritura no es fácil, pero sí muy reconfortante. Una de nuestras redactoras participó en NaNoWriMo hace unos años y, como contaba entonces en sus conclusiones tras la experiencia, sus sentimientos eran «ambivalentes». Fue un trabajo arduo, como escalar una montaña, decía, pero al final había llegado con una novela escrita.