Posiblemente no hiciese falta un estudio para esta primera conclusión, aunque lo tenemos y le da solvencia científica: la gente que lee desarrolla mejor sus capacidades sociales. Además de socializando, las habilidades sociales se adquieren en la lectura ya que los libros están llenos de situaciones sociales. Cada uno de los pasos por los que pasan sus protagonistas en su avance para llegar al desenlace empuja (a menos que sea una historia tan tan tan experimental que tenga únicamente a un único personaje) a interactuar con otros personajes.

Pero la lectura no enseña únicamente a ser seres sociales sino que además muestra una clara relación con la sensibilidad. Las personas que leen ficción son más sensibles (y no hablamos de sensibles tipo se echan a llorar sino que son capaces de entender e interpretar antes los sentimientos de los demás) que las que se dedican a la no ficción, tal y como concluyen en un estudio de la Universidad de York en Canadá. Dentro de los que leen ficción, los que leen novela romántica son todavía más empáticos, adelantando a quienes leen thrillers o novelas de suspense y a los que se centran en ficción doméstica (las novelas del país en el que están).

Cabría preguntarse si no es más bien que la personalidad define al lector (un lector empático o sensible escoge ese género concreto y no se vuelve sensible gracias al género). «Puede ser que las experiencias emocionales evocadas por la novela romántica empujen a pensar sobre las relaciones pasadas, quizás dando alas a los lectores para analizar las complejidades de sus propias relaciones románticas pasadas», apunta el estudio. «Ese análisis introspectivo puede ser útilmente empleado en sus nuevas interacciones sociales», concluyen.