A principios de los años 40, la joven Andrea llegaba a Barcelona, más tarde de lo previsto. Había tenido problemas a la hora de comprar su billete, lo que hizo que tuviese que coger un tren que llegaba a la ciudad a medianoche. “No me esperaba nadie”, nos cuenta. Era su primer viaje sola, era su primera llegada a Barcelona y era el comienzo de la carrera hacia la edad adulta, como recién estrenada estudiante de Letras en la ciudad.

Así arranca Nada, la novela de Carmen Laforet con la que ganó el primer premio Nadal, en 1944, y que por tanto cumple este año sus 75 años. Dado que el premio se hace público en la noche de Reyes, la novela va a estar en breve de aniversario. Nada es una bildungsroman, una novela de formación que cuenta como una joven adolescente se enfrenta al mundo de los adultos al que ella tiene que empezar a pertenecer también.

El libro aparecía en mis libros de lengua y literatura castellana, uno mucho de los títulos que se mencionaban sobre la literatura del siglo XX de después de la Guerra Civil. Estaba en uno de los temas recurrentes a los que no da tiempo a llegar antes de que se acabe el curso y que se ven mucho más rápido. Recuerdo, eso sí, que en alguna clase alguna profesora se paró un poco más con esta novela y que mi yo adolescente la puso en la lista de libros que quería leer (lo cual no era lo más habitual en las clases de literatura de la secundaria).

No la leí hasta la edad adulta, gracias a uno de los puntos del retópata, y me quedé sorprendida con la historia, la narración y lo que ocurría. De una manera mucho más clara de lo que habría apreciado mi yo adolescente me di cuenta de que aquella novela era subversiva, revolucionaria. Cuando acabé de leer me fui a buscar qué había ocurrido con la censura franquista y con la novela, porque no podía comprender como la pacata censura de la dictadura había aprobado aquella novela para su publicación.

Para el censor, que señala que “no hay inconveniente para su autorización”, es una “novela insulsa, sin estilo ni valor literario ninguno”, como apuntan en una de las notas al pie de la introducción en la edición de Austral de hace unos años (elaborada por Rosa Navarro Durán). La novela se publicó completa, sin censura alguna, porque se consideró que eran “las peripecias” de una universitaria. El libro se sumaba así a una larga lista de obras subversivas escritas por mujeres a lo largo de los siglos y que fueron consideradas por su temática ‘inofensivas’ en el momento de su publicación.

La ceguera del censor (aunque otro consideró que era un ataque a la moral y al dogma) hizo que la novela pudiese ver la luz sin problemas. De esa publicación y de esa primera llegada al mercado de Nada se cumplen ahora 75 años.

Un premio que incentivó a otras jóvenes escritoras

“No tengo recogidas frases de mi madre a la hora de recibir el premio, pero sé la revolución que supuso en su vida, y que afectó también a la de sus hijos, que con ella disfrutamos y sufrimos las consecuencias de la fama que le aportó”, explica, en el breve libro que la editorial Destino ha creado para conmemorar el aniversario del Premio Nadal (y con él el de Nada, la primera novela ganadora), la hija de su autora, Cristina Cerezales Laforet. Añade: “El premio otorgado a una mujer de veintitrés años, totalmente desconocida en el panorama literario, causó gran revuelo a nivel nacional e internacional”.

Como explica Cerezales, además, el premio no solo fue un reconocimiento al trabajo de Carmen Laforet, sino que también tuvo un impacto en las jóvenes escritoras. “La repercusión que tuvo animó a otras jóvenes con vocación y talento literario a decidirse a escribir y publicar”, añade. Cerezales lo sabe gracias al ” testimonio directo de Carmen Martín Gaite y Ana María Matute” pero también gracias a lo que le comentaron otras escritoras de esa generación y de la posterior.

Leer Nada en el siglo XXI

La historia de Nada está muy vinculada al tiempo en el que ocurre. Andrea, la protagonista, sobrevive en los tiempos de la dura postguerra, moviéndose en el mundo de miserias y privaciones de ese momento histórico. El contexto en el que se mueve como mujer y como estudiante están también muy marcados por el período histórico en el que fue escrita la historia y en el que ocurre la narración.

Pero, al mismo tiempo, Nada sigue siendo una lectura poderosa, que conecta con quien la lee (y posiblemente lo haga a muchos niveles, vinculándose con diferentes grupos de lectores y de diferentes edades gracias a cuestiones diferentes). No se siente que se esté leyendo una novela histórica, por así decirlo, una novela de la historia de la literatura que se lee por esa razón, sino que Nada sigue siendo una novela que resuena en sus lectores (como, al final, deben hacer las grandes novelas que metemos en el canon de las grandes obras literarias).

¿Quién lee ahora mismo Nada?, le preguntaba por correo electrónico a Emili Rosales, director editorial de Destino. “Diría que varios públicos”, respondía. “El más numeroso es el que llega a Nada a través de la enseñanza; por supuesto, también el lector de clásicos; y crece la lectura de Nada como referente de la literatura que reivindica una manera femenina de ver el mundo”, añade.

El libro no ha dejado de publicarse a lo largo de los años. “La edición de bolsillo de Nada se reedita constantemente, así como las ediciones comentadas enfocadas a la enseñanza”, apunta el editor, recordando también que la novela ha protagonizado diferentes ediciones especiales en los últimos años. Fue la que inauguró en 2009 la colección Destino Clásicos, “que incluye algunas fotografías y documentos relacionados con la historia del libro”, pero también ha sido publicada como audiolibro o será, ahora que está de cumpleaños, la protagonista de “una edición especial en bolsillo que conmemora los 75 años del Premio Nadal”.

Nada en los tiempos de las escritoras

En los últimos años, la sensibilidad del mercado editorial por la historia de las escritoras y por sus obras ha aumentado. Se han recuperado nombres y libros, se está hablando cada vez más de la obra de autoría femenina y de su papel en la historia de la literatura o se están reivindicando géneros asociados a la escritura femenina (y que por ello habían sido considerados menores). Resulta casi inevitable preguntarse si este nuevo contexto tiene también un impacto en cómo y cuánto se lee Nada.

Le preguntaba a su editor si pensaba que Nada estaba llegando a un nuevo tipo de público o siendo leído de una manera diferente gracias a este nuevo contexto. La respuesta de Rosales es muy interesante.

“Sí. Pero quisiera apuntar que la causa-efecto, en cierta medida, quizá sea inversa… Algunas veces, la literatura se avanza a las grandes corrientes sociales. Carmen Laforet, en solitario, incomprendida, con escasos apoyos, se avanzó a lo que estamos viviendo. No cabe duda de que su novela fue una anticipación, en tiempos muy difíciles, de esta mirada que ahora afortunadamente se ha liberado”, afirma. Y recuerda también que “son diversas las puertas de entrada a su mundo narrativo –el feminismo al que aludíamos, también el existencialismo o su capacidad de penetración psicológica—, pero si Nada ha resistido el paso de las décadas es por la capacidad de Carmen Laforet para ofrecer una formulación literaria de todo ello”.

Foto Archivo Destino

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