Uno de los cuadros de María Blanchard

“Ya sabes, las mujeres en el arte apenas existen. Y más aún si son feas y defectuosas como yo misma”. Quien habla es la María Blanchard de la ficción, la protagonista de la novela de Baltasar Magro que acaba de publicar Alianza sobre la vida de la pintora, pero bien podría ser la María Blanchard de la realidad.

En la novela, Blanchard acaba de hablar de la historia de Rosalba Carriera, una de esas mujeres olvidadas de la historia del arte. Carriera fue la gran pionera de la pintura en pastel, que logró que se convirtiese en un objeto de deseo entre los ricos de la corte francesa del siglo XVIII. “Tenía una técnica extraordinaria que muchos imitaron sin lograr su calidad” nos cuenta la María Blanchard de la novela. Luego se quedó ciega, tuvo que dejar de pintar y Carriera desapareció de la historia de la pintura. Se olvidaron de ella. Un poco como le pasó a la propia Blanchard.

María Blanchard no ha sido olvidada-olvidada. Hace unos años, una exposición en el Museo Reina Sofía mostraba sus cuadros, por ejemplo. Y si se pregunta a gente del mundo del arte lo más probable es que sepan quién es. Sin embargo, Blanchard se ha quedado olvidada para el público mainstream. Todo el mundo sabe quien es Picasso y posiblemente también les suenen otros artistas vanguardistas contemporáneos. Es poco probable que les suene María Blanchard, a pesar de que la pintora es una de las piezas destacadas de las vanguardias y a pesar de que en su momento sí era conocida. Como a Carriera, el paso del tiempo la ha dejado en la sombra.

Y todo ello a pesar de que la vida de Blanchard es ultranovelesca, de esas que dan para miniseries y películas. Nacida en Santander en 1881, desarrolló una carrera de pintora profesional que la acabaría llevando a París, el epicentro de la bohemia y de la vida artística. Blanchard lo hizo enfrentándose a dos lastres importantes, al menos lastres para la sociedad de su momento.

El primero era el de que era una mujer y por tanto, de entrada, se consideraba que su papel en la pintura era limitado (eran aficionadas…). El segundo era el de su cuerpo: había nacido con una doble desviación de la columna, quizás por culpa de una caída de su madre durante el embarazo. Esto hacía que tuviese joroba, algo que hacía que la gente se fijase – para mal – en ella y también, más importante, tenía un impacto directo en su bienestar físico. “Soy fea, sí, poco brillante y utilizo una paleta incomprensible para los neófitos. ¡Ah, y jorobada, para mayor desgracia!”, dice en uno de los diálogos de la novela Blanchard.

Foto de María Blanchard

A pesar de todos los elementos en contra, Blanchard perseveró y se convirtió en un nombre conocido en la pintura, con unos cuadros buscados (de su arte vivía ella, pero también su hermana y sus sobrinos). Ahora su historia se ha convertido en una novela.

Baltasar Magro ha escrito una aproximación a la biografía de la pintora en María Blanchard. Como una sombra. “Blanchard es la artista más importante que ha tenido este país, inexplicablemente desconocida para la gran mayoría de sus conciudadanos”, señala Magro al hilo de la presentación de la novela en el dossier para medios que acompaña la obra.

Magro escribe desde la perspectiva del final de la vida de Blanchard. Su novela sigue a la María Blanchard de los últimos años, pintora en el París de los años 30, desde el que recuerda de forma fragmentada las cosas que ocurrieron a lo largo de su carrera. Aun así, la historia tiene como epicentro y como eje el ocaso de la pintora, su recta final, y como, a pesar del dolor y la enfermedad (tenía tuberculosis), no podía dejar de pintar.

Imagen | Uno de los cuadros de María Blanchard y foto de la pintora en 1909, vía Wikipedia

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