Twains End MArk TwainEn marzo de 1909 Isabel Lyon, la que era la secretaria de Mark Twain y la que lo había sido de su esposa antes de morir, se casó con Ralph Ashcroft, el responsable de hacer que Mark Twain tuviese dinero contante y sonante (por así decirlo, el CEO de Mark Twain SL), para sorpresa de muchos. Durante los últimos años, la prensa (que perseguía de forma inclemente a la familia Clemmens, las personas reales que estaban ligadas al Mark Twain identidad literaria) había especulado con que Isabel se acabaría casando con el popular escritor.

No eran los únicos. La madre de Isabel también estaba convencida de que su hija, solterona y con pocas oportunidades tras el ocaso de la familia, sería la segunda señora Clemmens (o, venga, la segunda señora Twain) y que podría dar en las narices a sus viejos conocidos con un yerno de primer nivel. Mark Twain, por cierto, estaba en la boda.

Pero no muchas semanas más tarde, Isabel Lyon, la que seguía siendo la secretaria de Twain y quien mejor conocía al escritor, se convirtió en persona non grata.

Twain la acusó de ser el demonio en persona (escribió una obra de casi 500 páginas poniéndola verde) y la despidió de forma sumaria, a ella y a su marido, dando material para más y más artículos en los medios y creando un escándalo que aún ahora, más de 100 años después, sigue dividiendo a los expertos entre quienes dan la razón a Twain y quienes creen que Isabel fue una víctima de un egocéntrico (y bastante egoísta) genio.

Lyon, por cierto, no escribió su propia versión de los hechos, o al menos no lo hizo públicamente, y las acusaciones de Twain se convirtieron, por así decirlo, en las que se quedaron en el canon literario. Una novela ha corregido ligeramente esto. Twain’s End, de Lynn Cullen, fue publicada ahora hace un mes, día arriba día abajo, y se ha convertido en una defensa de la versión de Isabel Lyon, esa que la secretaria no dio en su día. Cuenta Cullen cuando se ha puesto punto final a la lectura que Lyon nunca quiso hablar con nadie sobre Twain y sus experiencias con la familia Clemmens. Solo accedió al final de su vida y pocos meses antes de su muerte (murió en 1958, cuando solo le faltaban cinco años para cumplir el centenario) a hacerlo con un actor que preparaba una obra de teatro sobre Twain. Lo hizo cuando él le prometió que todo lo que le contaría se quedaría entre él y ella y que nada de lo que Lyon le confiase iría a parar a los medios.

¿Quiere decir esto que Isabel Lyon no dejó su versión de los hechos? No, exactamente. De hecho, Cullen sigue su punto de vista en la narración. Lo ha hecho no solo gracias a que los demás participantes en esta historia dejaron cartas y menciones a los hechos sino también a que la propia Isabel empezó un diario al comenzar a trabajar para Mark Twain (que ya era entonces el escritor más popular de Estados Unidos), marcada por el hecho de que estaba trabajando para una celebridad. Sus anotaciones servirían, posiblemente pensó, a alguien en el futuro. Servir han servido para que ella misma tenga voz.

La novela está narrada con un ritmo absolutamente cinematográfico, empezando en el día que acabará desembocando el drama final (aunque eso solo lo sabemos porque conocemos la cronografía real de los hechos) y remontándose luego años atrás, cuando Mark Twain e Isabel Lyon se conocieron por vez primera y sellaron la que se convertirá en una escandalosa relación literaria. Aunque la historia de Isabel Lyon es la que nos interesa, y la que le interesa a Cullen, la novela es narrada desde el punto de vista de varios personajes (las hijas de Twain, ahogadas por el peso de ser las hijas de una manipuladora celebridad, o la propia madre de Isabel Lyon, que solo ve lo que quiere ver) y permite conocer muchas más cosas sobre la historia del escritor y su familia (como la relación de Twain con su esposa, a quien solo podía ver 5 minutos al día durante los últimos años de su convalecencia por orden médica, o la conflictiva dualidad entre ser Samuel Clemmens, el hombre real, y Mark Twain, el “escritor más amado de América”, como nos dicen en varias ocasiones las diferentes voces de los personajes).

Pero más allá de una novela de ritmo cinematográfico, Twain’s End es una interesante novela sobre literatura y sobre quienes la hacen.

Isabel_Lyon¿Cuál es la historia entonces de la denostada por la historia literaria Isabel Lyon? Isabel era la hija de una familia bien neoyorkina. La madre era la descendiente de una familia con apellido holandés (la crème de la crème de la alta sociedad de la ciudad) y el padre era un profesor universitario. La vida de Isabel estaba llamada por tanto a ser la de una debutante con buenas conexiones que hiciese un buen matrimonio, pero la muerte del padre acabó con ello. El padre murió dejando a su mujer y sus tres hijos en la ruina e Isabel decidió coger el toro por los cuernos y buscarse un trabajo. Como pocas cosas podían hacer las mujeres de su momento se convirtió en institutriz e institutriz era cuando a finales del siglo XIX conoció a Mark Twain en una partida de cartas. Necesitaban a un jugador y la institutriz era la única disponible.

Los caminos de Twain y Lyon estaban llamados a cruzarse una vez más. En 1902, el escritor la contrató como secretaria social para su esposa Olivia, aunque Isabel no vería a Olivia en persona hasta muchos años después y fue más bien una secretaria para toda la familia, organizando la vida de las hijas del escritor (que al principio se llevaban muy bien con ella) y resolviendo todos los problemas de la casa. También ayudaba a Twain con su obra (y de hecho su colaboración con Lyon fue uno de los momentos más fructíferos de la carrera del escritor), hasta acabar por convertirse en una parte indispensable de la vida del autor y de su familia.

Una historia de amor y literaria

El roce hace el cariño e Isabel acabó ‘pillándose’ por el escritor, a pesar de que era mucho mayor que ella. Aunque no quería que las cosas trascendiesen a lo personal, Isabel se acabó dejando querer, aunque Twain y ella no se convirtieron (al menos eso es lo que nos cuenta Cullen en la novela) en amantes hasta mucho después de la muerte de Olivia Clemmens. La relación era tan estrecha (y un secreto prácticamente conocido por todos) que todo el mundo daba por hecho que el escritor y su secretaria se acabarían casando.

¿Por qué acabaron entonces como el rosario de la aurora? Quien lea la novela de Cullen ve que todo estaba condenado al fracaso desde el principio. Quien lea la versión de ‘los otros’ descubrirá (es de lo que Twain y su entorno la acusaron) que Isabel Lyon había aprovechado su posición en la casa en su interés. Pero volviendo a la versión de la novela de Cullen, varios factores hicieron que la relación estuviese condenada.

Por un lado, estaba el propio Mark Twain, obsesionado por mantener su personaje público. Ese personaje era un hombre que había encontrado en Olivia a su musa (y un segundo matrimonio poco encaja con eso) y el hombre más querido de Estados Unidos. Romper con su imagen, hacer algo escandaloso, era algo que odiaba, porque dañaría ‘su marca’. Y sin embargo no hay que leer entre líneas para ver que más allá de lo público hacía cosas que demostraban que no era perfecto. Cuando acabas de leer Twain’s End, queda claro que lo que único que Samuel Clemmens amaba era a Mark Twain.

Por otro, estaba Clara, la hija del escritor, que empezó siendo amiga de Isabel y acabó siendo su más encarnizada enemiga. Clara era (así nos lo deja ver la novela) caprichosa, egoísta y malvada y también una víctima más de las circunstancias. Tanto ella como sus hermanas había vivido toda la vida a la sombra de su padre y era imposible para ellas encontrar su espacio. Su padre robaba siempre sus momentos de gloria, al tiempo que era controlador y asfixiante. Clara se queja en un momento de la novela de que su padre le roba a todos sus amigos y que hace imposible que sus hijas sean cortejadas por ningún hombre. Clara acaba abocada al escándalo y ese escándalo es el que algunos expertos (y esa es la posición de la novela) creen que fue la clave para que Twain renunciase a su inseparable Isabel. Clara se casaría con quien su padre quería si su padre renunciaba a su secretaria (y esta se casa entonces con Ashcroft).

Pero aunque este punto se cumplió algo se torció en el camino. ¿Fue despecho por la boda? ¿Fue la influencia de Clara? Sea como sea, un mes después del enlace Isabel y su marido eran despedidos y empezaba un culebrón que aún hoy no ha tenido desenlace.