Miquiño mioEn los manuales de literatura, a Benito Pérez Galdós le dedican unas cuantas páginas en las que se analiza su inmensa obra narrativa. Unas páginas después, suele aparecer Emilia Pardo Bazán. Con suerte, la escritora (a quien se le atribuye haber introducido en España las ideas de Émile Zola) tiene una página en la que se menciona a Los pazos de Ulloa. Entre medias, los otros escritores populares de finales del XIX. En mi manual de 1º de Bachillerato, que he rescatado para hacer la prueba empírica, están Pereda, Juan Valera y Clarín. Y nada hace pensar que entre uno y otro, el escritor que empieza el tema y la que lo cierra, había una relación más allá de entrar juntos en el examen. Con lo que la carnaza habría llamado la atención entonces…

Entre Benito Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán hubo una relación amorosa, que durante mucho tiempo fue una nota a pie de página en los manuales sesudos sobre su obra. Las cartas de amor de Pérez Galdós a la escritora no se conservan, pero las de Pardo Bazán han sobrevivido (en parte) al paso del tiempo. Los esfuerzos de dos enamorados de la obra de estos escritores, Isabel Parreño y Juan Manuel Hernández, consiguieron localizar las que lo han logrado y ofrecérselas a los lectores de hoy en día, organizadas cronológicamente y con una datación aproximada (las cartas no llevaban fecha en muchas ocasiones, así que la edición tomó un carácter detectivesco). El resultado es “Miquiño mío”: Cartas a Galdós , que ha editado Turner en su colección Noema.

Las cartas permiten seguir el proceso de acercamiento y separación entre los dos escritores. Pérez Galdós y Pardo Bazán comenzaron a cartearse tras la publicación de La cuestión palpitante, el ensayo en el que Emilia Pardo Bazán abordaba el naturalismo. Él era uno de los escritores favoritos de la familia, así que las cartas de Galdós eran esperadas con interés en casa de la condesa. A medida que aumentaba la intimidad entre ambos, el escritor empezó a escribir dos cartas. Una era la que podían leer los familiares de Pardo Bazán y otra, y secreta, la que solo ella podía leer.  El Sr. Don Benito Pérez Galdós de las cartas del principio acaba convirtiéndose en miquiño mío y miquiño del alma en las del medio de la correspondencia.

La relación amorosa entre ambos tuvo su momento cumbre entre finales de la década de los 80 y los primeros años de los 90, que fueron los años en los que los dos autores publicaron algunas de sus obras cumbre. En Madrid desarrollan un sistema de citas y lugares de encuentro para poder verse y en uno de los últimos coletazos de su relación más apasionada se van juntos – y en secreto – de viaje por Alemania. “Él pone un poco de distancia”, nos explicaba Isabel Parreño este verano, cuando hablábamos con ella sobre las cartas, sobre como la relación se fue enfriando. “Lo hizo en otras relaciones que tuvo. No quiere romper, pero pone distancia”. Galdós tiene entonces una hija en Santander con Lorenza Cobián.

Y aunque la intimidad acabó, las cartas no finalizarán del todo. La última es de 1915, una respuesta a una carta de pésame por la muerte de la madre de Emilia Pardo Bazán.

Las cartas están editadas en formato papel y por menos de 4 euros en ebook

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