diario

Cuando era una preadolescente empecé a escribir un diario. Lo hice porque todas las niñas de mi clase lo estábamos haciendo. Fui una diarista un poco cutre durante la preadolescencia y una entusiasta durante la adolescencia. Luego dejé de escribir mi diario, aunque muchas veces pensé que debería retomarlo. Lo hice en un par de viajes (y no sabéis lo genial que es leer ahora las cosas que apuntaba) y en algunos intentos. Ahora mi diario es más bien una lista de libros que voy leyendo y anotaciones insistiendo en que no debería ser tan mala diarista. Estos últimos días no lo estoy siendo. He vuelto a escribir en mi diario, aunque en realidad no me está pasando nada de nada. Como todo el mundo, yo también estoy encerrada en mi casa.

Pero lo cierto es que durante la cuarentena del coronavirus creo que es una gran idea volver al diario. Y no, no soy la única que lo piensa.

De hecho, hace unos días me tropecé, porque alguien lo retuiteó en mi feed de Twitter, con un historiador estadounidense que recomendaba hacerlo porque para los historiadores todas estas anotaciones tienen valor (no es lo mismo cómo escribes lo que te acaba de pasar que cómo escribes después lo que recuerdas). Decía que era interesante escribir a mano en un cuaderno lo que estaba pasando y guardarlo, por supuesto.

Más allá del valor histórico que puedan tener las anotaciones de la ciudadanía, escribir un diario tiene mucho de catártico y es un apoyo para la salud mental, algo que un encierro en casa acaba amenazando de una manera o de otra. Los diarios ayudan a ser más creativos, además, y son beneficiosos para la salud. Esto último lo indicaba un estudio de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

Según sus conclusiones, escribir un poco cada día (con 15 a 20 minutos al día llega) tiene un efecto positivo sobre la salud mental, pero también sobre la física. El impacto en la primera parece más claro, ya que, como señalaban los investigadores, ayuda a pensar de una forma más clara. Sobre la segunda es una cuestión más indirecta, pero los investigadores descubrieron que mejoraba el estrés y que ayudaba a quienes sufrían asma y trastornos cardiovasculares.

Por tanto, coge papel y boli y siéntate a escribir.

Foto Plush Design Studio from Pexels

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