The_Frog_Prince_-_Anne_Anderson

Es una verdad bien sabida (al menos en el mundo de las novelas chick-lit y en las revistas de masas destinadas al público femenino) que para encontrar el amor hay que besar antes muchos, muchos sapos. Porque de todos esos sapos uno, finalmente, se convertirá en el amor verdadero y de la piel escurridiza del batracio aparecerá el guapo y atractivo príncipe azul. La culpa de esta máxima que muchos dan por hecho está en un cuento de hadas, el del Príncipe Rana, también conocido como El Rey Rana o Enrique el Férreo.

¿De qué va este cuento? Una princesa tiene una preciosa pelota de oro, pero está jugando al lado de una charca y la pelota se hunde. Aparece entonces una rana y le dice que recuperará su pelota, a cambio de que la princesa se lleve a la rana a su castillo y le permita comer con ella, sentarse a su mesa y dormir en su cama. La princesa acepta pero cuando tiene la pelota de vuelta decide olvidarse de su promesa y deja a la rana detrás. La rana no ceja en su empeño y acude al castillo de la princesa para exigir que se cumpla la promesa hecha. Le cuenta la historia al rey y este obliga a la princesa a cumplir lo prometido.

principe rana

El final de la historia ya lo sabéis. La princesa cena con la rana, la sienta a su mesa y no tiene más remedio que invitarla a su habitación. En la historia escrita por los hermanos Grimm la parte de la habitación es un tanto violenta y la princesa se rebela contra la idea de invitar a la rana a dormir en su cama lanzándola contra la pared (con el golpe se convertirá en un guapo príncipe). El beso que todos tenemos presente en nuestra mente es, en realidad, una especie de embellecimiento por parte de Disney.

Sin embargo, y como nos recuerda en El hombre que hablaba con los delfines y otras historias de la neurociencia de José Ramón Alonso y editado por Guadalmazán, la historia del beso está más cerca de la versión original de tradición oral que circulaba del cuento. En la historia narrada de forma oral, la princesa sí besaba al príncipe, aunque los hermanos Grimm (que ya sabemos que lo hicieron con muchos otros cuentos de hadas) lo censuraron para crear una historia más aceptable a lo que se podía y no se podía escribir en el XIX. Digamos que prefirieron ser violentos antes que introducir un elemento con peso erótico. De hecho, como explica Alonso, en la historia original, y tal y como se lee en las notas de los hermanos Grimm, “la rana caía sobre la cama donde yacía como un joven y hermoso príncipe y la hija del rey se tumbaba junto a él”.

Pero, más allá de lo puritana o no que podría ser la historia tras haberle pasado los hermanos Grimm la tijera, ¿qué explicación científica puede tener que una rana se convierta en príncipe? Según apunta Alonso, puede existir algo que nos haga ver a una rana como un atractivo príncipe. Y poniéndolo en palabras llanas: la princesa estaba colocada después de besar a la rana. En la piel de algunos anfibios, apunta Alonso, hay una sustancia llamada bufotenina “capaz de causar alucinaciones, ilusiones de vuelo, visiones de colores, luces y formas” o, como escribe el experto, “un auténtico viaje si el animal es besado o chupado”. Los efectos de besar un sapo pueden ser, por tanto, iguales a los de tomar LSD.

Ilustraciones Anne Anderson