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Cuando a uno le ha gustado mucho un libro suele tener bastante claro cómo debería ser su portada, qué aspectos se deberían remarcar. Como mínimo, tiene claro que ese libro merece una portada bonita (algo que los editores no siempre entienden a la primera).

Por eso me gusta tanto el proyecto de la artista belga Levente Szabó de dar a sus libros favoritos la portada que ella considera oportuna. Porque al fin y al cabo, lo más bonito de la literatura es cómo lo escrito interacciona con cada persona, siempre de forma diferente. No puede haber dos portadas iguales (si todos hiciéramos este ejercicio) porque no puede haber dos lecturas iguales.

Eso no quita que las suyas sean deliciosas. Las ventajas de hacer algo con pasión.