romeo y julieta

Nada más terrible para un escritor que ver como sus personajes se quedan sin nada que hacer. Es lo que se conoce como el bloqueo de escritor, una terrible enfermedad que hace que el escritor se quede paralizado y que no sepa por donde llevar a los personajes y a las tramas que conforman su novela. Así que para sobrevivir a una situación tan espantosa, nada mejor que echar mano de todos y de cualquier remedio disponible que prometa acabar con el problema. ¿Quién no querría una guía que le dijese el camino a seguir y que ofreciese una fuente casi inagotable de horribles tragedias que puedan sufrir los personajes?

Existe. Y existe desde hace muchísimo tiempo. Aunque nos parezca que todos esos libros que te prometen enseñar a escribir una novela son de hace dos días como mucho, lo cierto es que los libros-guía tienen una historia mucho más antigua. En el siglo XIX ya existía una tradición editorial relacionada y ya se publicaban guías para aprender a escribir y que funcionaban como un catálogo de potenciales personajes y situaciones a emplear en la trama, como recuerdan en un artículo de Slate en el que recuperan una guía (fascinante) de 1919.

El libro que han recuperado, Ten Million Photoplay Plots, estaba pensado para los incipientes guionistas de cine. Lo escribió Wycliff Aber Hill, que creó una guía de potenciales conflictos principales y subtramas posibles para hacer aún más compleja la historia (y básicamente para que no se termine en la primera escena). Un anuncio de 1922 lo recomendaba para encontrar la inspiración, crear historias que enganchaban y no quedarse bloqueado en un giro de guión.

La clave está en empezar con una de las historias principales, aunque aquí las posibilidades son limitadas. El autor solo cree posibles 37 potenciales elementos para desencadenar una historia, que agrupa en unos cuantos grupos temáticos. Así, hay historias felices (como «un milagro de Dios» o seres queridos recuperados), situaciones trágicas (como historias de rivales o misterios), historias inspiracionales (como amar a un enemigo o historias de sacrificios), desastres pero que no están causados por un acto criminal (como celos por error, venganzas o enemistades), desastres creados por actos criminales (un secuestro o «amor criminal», que a saber lo que quería decir en 1919) o situaciones trágicas en las que la víctima no ha tenido control (como ¡¡¡»matar a un familiar o a un amigo antes de reconocerlo«!!! o un desastre).

Una vez que tengas este marco creado, ya podrás enredar la trama como quieras y hacerla aún más trágica y compleja con capas de subtramas. El libro también da unas cuantas, a cada cual más rocambolesca o más trágica.