Quizás es porque mis perfiles en redes sociales son un poco una burbuja, ya que sigo a unas cuantas escritoras de novela romántica que están retuiteando y comentando todo lo que se publica sobre la serie. Pero si se entra en mis feeds, ahora mismo parece que todo el mundo está hablando de Bridgerton, la serie que Netflix estrenará el 25 de diciembre y que se basa en la serie de novelas de Julia Quinn.

En realidad, y por mucho que mi feed esté sesgado, la serie está logrando un elevado eco. Es la primera serie que Shondaland, la productora de Shonda Rhimes (la creadora de Anatomía de Grey, entre otras), ha creado para Netflix tras un fichaje millonario. Por tanto, es esperable el interés y la atención. Las apuestas son muy altas y los medios quieren saber qué ha desarrollado la factoría Rhimes. Bridgerton ha protagonizado análisis, críticas y entrevistas en los principales medios estadounidenses, pero también en España se ha colado en numerosas listas de lo que debes ver estas Navidades y las series más esperadas de diciembre. La serie está de moda.

Series de moda hay muchas. Casi se podría decir que cada mes una serie de Netflix se convierte en viral y todo el mundo está hablando de ella y preguntándote con sorpresa cómo es que no la has visto. En el caso de Bridgerton, su tirón y su fama podría tener un efecto literario y uno sobre un género que no ha logrado mucha atención por los medios de masas.

O casi se podría decir que no estaba logrando: los grandes medios estadounidenses ya tienen en su equipo a críticas especializadas en novela romántica y ya aparecen en medios como The New York Times (y no, ningún suplemento literario de los de la fama buena en España ha reseñado novela romántica de forma seria y profesional). Fueron el primer paso para dejar de tratar al género partiendo de todos los clichés trasnochados que se le han estado aplicando en las últimas décadas desde fuera.

Volviendo a la serie, lo habitual no es que se adapten a la pequeña o a la gran pantalla las novelas románticas. Se han adaptado grandes éxitos de novelas populares (50 sombras de Grey es una novela erótica, aunque parte de muchas premisas de la romántica, pero se adaptó porque vendió millones de libros), de las que han trascendido más allá del género y sus canales habituales. Pero esas son muy pocas.

Lo habitual es que, por muy populares que sean entre el universo lector de romántica, las novelas no lleguen a las pantallas (algo que no ocurre, por ejemplo, con los grandes éxitos de otros géneros, que son adaptados al cine o a series y es entonces cuando pasan de ser populares entre sus lectores a ser populares en general). La saga Bridgerton de Julia Quinn es, de hecho, un clásico moderno de la novela romántica, muy popular en muchos mercados.

«Me resultaba fascinante que nadie lo hubiese hecho», le confiesa Shonda Rhimes a The New York Times hablando de la adaptación de una serie de novelas románticas históricas. «Las novelas románticas se prestan realmente al género televisivo. Son visuales, tienen muy buen ritmo, tienen grandes argumentos«, señala. Rhimes las conocía porque ella misma era lectora del género. Si pensó en adaptar la saga de Quinn fue porque antes la había devorado.

La gran cuestión ahora es si el universo televisivo aprenderá de las palabras de Rhimes y si el pico de interés que ha tenido la serie logrará que se adapten más series y títulos de romántica. Netflix ya cuenta con otras adaptaciones en su catálogo (por ejemplo, la saga Virgin River, de Robyn Carr), pero no han logrado un eco tan importante en medios como está teniendo Bridgerton. ¿Hará todo este hype que en los próximos años se adapten más títulos populares de romántica? Y, sobre todo, ¿servirá para acabar con la resistencia en algunos nichos a los estereotipos sobre estas novelas?

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