Los medievales no se bañaban y las mujeres prácticamente no podían hacer nada. Si nos preguntasen por la vida en la Edad Media y la gente que vivía en ese período histórico, es posible que todos acabásemos cayendo en esos lugares comunes. De la Edad Media tenemos una cierta visión, la de un período oscuro, sucio y no muy agradable, que en realidad no es muy ajustada a la realidad histórica (que es más compleja).

Nuestra visión de la Edad Media está muy marcada por las ideas que se impulsaron en períodos históricos concretos, como el Renacimiento, en el que se quería “reforzar la idea de recuperación del pasado antiguo” y se creó la visión de que el amplio período había sido un momento de “tinieblas”. Y si eso lo sé es porque es uno de los primeros puntos que explica en La vida cotidiana en la Edad Media, Rubén Andrés Martín (Shackleton Books).

El libro, que acaba de llegar a librerías, es la última incorporación a la colección Historia Brevis, que aborda de un modo divulgativo y breve diferentes momentos de la historia. Esta vida cotidiana nos muestra cómo viven las diferentes capas sociales durante el período y se encarga de despejar algunas de esas creencias que damos por buenas y a las que nos hemos acostumbrado (véase los medievales no se bañan) de paso. Y, aunque no es una acumulación de curiosidades (es un ensayo divulgativo con un alcance más transversal), leyendo sí hemos aprendido unas cuentas.

Los juguetes medievales no eran tan diferentes a los de ahora

Vale, no podían cazar Pokémons, pero las opciones de juego ya incluían clásicos. Tenían canicas, soldaditos, figuras de caballo, cocinitas o muñecas. Para jugar a las cocinitas había hasta vajillas en miniatura. El autor habla de una que una dama regaló en 1376 a una niña llamada Marguerite. Estaba formada por piezas de plata y su dueña tenía dos años. Como la Barbie ahora, las muñecas también se ajustaban a las modas. Sus peinados y sus ropas cambiaban con las tendencias.

Existían guías de consejos para la muerte

La Edad Media fue un momento de gran religiosidad, lo que llegaba a todas las áreas de la vida y, por supuesto, también al momento de la muerte. Morir bien era muy importante y a finales de la Edad Media se hicieron populares unas guías de apoyo para el proceso de la muerte. ¿Eran un La muerte para dummies medieval? Según cuenta Rubén Andrés Martín, estos libros daban consejos morales sobre los momentos previos a la muerte. Llegó a haber versiones resumidas e ilustradas que hacían más fácil la memorización de los preceptos para morir bien.

Alquilaban muebles

El Zulista podría haber tenido una versión medieval, porque la vida en las ciudades no era fácil. Los más pobres se amontoban en casas en las que se vivía por habitaciones. Te alquilaban espacios sin cocina y la comida había que comprarla fuera. A medida que se iba subiendo en la escala social, se iba mejorando la casa que se tenía. Pero lo habitual entre quienes eran menos acomodados era no comprar los muebles, sino alquilarlos.

Los trinchadores eran trabajadores de alto nivel

Saber sabía que no había tenedores de forma común en la Edad Media. Alguna vez leí que no llegarán a Europa hasta el Renacimiento, pero es un dato que siempre se queda medio oculto en mi cerebro y que siempre hace que me sorprenda un poco cuando lo releo. Como no usaban tenedores para comer, era mucho más importante y difícil el proceso de extraer la carne de los asados y similares. De ahí que uno de los trabajadores más importantes de la corte fuese el del trinchador o cortador de carnes y pescados. El trinchador era un profesional entrenado para ello.

Ilustración Wikipedia

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