Carolina CoronadoUno de los puntos del reto de lectura que os hemos planteado para este año es el de leer un libro de una escritora que haya escrito o publicado antes de 1900. Lo cierto es que ese apartado del reto permite leer muchas obras y de lo más diversas, porque son muchas (aunque muchas veces olvidadas) las escritoras que publicaron y trabajaron antes de 1900, aunque solemos (como acaba ocurriendo muchas veces con los clásicos) olvidando su obra cuando buscamos qué leer. Hoy hemos decidido centrarnos en las escritoras del XIX para hacer una lista de potenciales lecturas. Jane Austen y las hermanas Brontë son las autoras que nos suelen venir rápidamente a la mente, aunque obviamente ellas no son las únicas que trabajaron en esos años.

Mary Shelley.  A Shelley suele metérsela en listas gracias a Frankestein, aunque lo cierto es que esa – su primera novela, escrita en una especie de reto de escritura que hizo con su pareja, el poeta Shelley, y sus amigos – no es la única que produjo. Cuando Shelley, que entonces ya era su marido, murió, se quedó viuda, con un hijo de corta edad y sin ingresos. Su suegro no tenía mucho interés en ella y aunque le dio una pequeña renta para la manutención de su nieto, lo cierto es que Mary tuvo que buscarse la vida y encontrar su propia fuente de ingresos. Lo hizo con la literatura. Sus novelas son fácilmente localizables en inglés para descarga gratuita y, en castellano, Nórdica ha editado Mathilda y también se puede encontrar (gratis) una antigua traducción de El mortal inmortal.

Carolina Coronado. ¿Quién se acuerda ahora de Carolina Coronado? Lo cierto es que no suele entrar en las listas de lecturas, aunque hace unos años la Biblioteca Nacional le dedicó una exposición y su vida era de lo más interesante. En vida fue muy popular porque era considerada una de las mujeres más bellas de su época (y los románticos le dedicaban poemas) y tuvo una vida muy romántica. Perdió a un primer enamorado en el mar (e hizo voto de castidad… aunque después se casó y tuvo tres hijos), se casó con un diplomático estadounidense, organizó tertulias literarias, fue revolucionaria y vivió en Portugal el final de su vida (murió de hecho en Lisboa). Y embalsamó el cadáver de su marido tras su muerte y lo mantuvo insepulto hasta el final de su propia vida. No solo fue poetisa. También publicó varias novelas.

Elizabeth Gaskell. Debo confesar que leí Norte y Sur (mi libro para este punto del reto) con bastante hate-reading, porque la protagonista me caía peor a medida que pasaba páginas. Sin embargo, espero darle más oportunidades a Gaskell en el futuro. Sus obras suelen ser olvidadas en favor de otras autoras británicas más populares de la época, pero lo cierto es que Gaskell tiene un corpus muy amplio en el que analiza los cambios de la sociedad de su momento. Y, además, Alba las está editando ahora en castellano en ediciones muy cuidadas. 

Fernán Caballero. En realidad tras este nombre se esconde Cecilia Böhl de Faber, que tuvo una vida bastante compleja (se casó tres veces y sus tres maridos murieron poco después del matrimonio, uno de ellos suicidándose) y que vivió en varios países. Su madre también escribía y también lo hacía con pseudónimo. Con sus obras, podía mejorar su precaria situación económica. En una de ellas, Clemencia, narra al parecer el fracaso de su primer matrimonio empleando la ficción como excusa.