sofá, café y mantita

Aún quedan unos cuantos meses de invierno por delante. Hace frío y llueve (si vivís en el norte de España, llevaréis ya acumuladas tantas alertas naranjas y amarillas desde diciembre que lo de lluvia se queda corto) y no apetece salir de casa. Es tiempo de sofá, café y manta. Pero en vez de encender la tele y dejarse atrapar por cualquier cosa, os proponemos unir al plan un buen libro. Estas son nuestras lecturas recomendadas para sofá y mantita.

Un abril encantado, de Elizabeth von Arnim. Tendréis que leerlo en inglés, porque en castellano no ha sido traducido recientemente (aunque algunos de sus libros empiezan a serlo por Lumen mientras que en catalán ya se puede leer otra de sus obras), pero eso tiene la ventaja de que en ebook ya está sin coste alguno. Von Arnim es una de las escritoras que ha entrado recientemente en dominio público, al menos en inglés, y es uno de esos nombres exitosos (y ahora bastante olvidados) de principios del siglo XX. Un abril encantado narra la historia de cuatro mujeres muy diferentes que en los años 20 van a pasar un mes de abril a Italia que les cambiará sus vidas. Con lo bueno de las películas preciosistas de personas que se van de viaje y aprenden a ser felices y el encanto de ser un clásico de hace casi 100 años.

La bendición, de Nancy Mitford. Cualquiera de los libros de Mitford valen para la lista de sofá y mantita. Son divertidos, son ligeros y están llenos de aristócratas con vidas dignas de una película de época. En esta ocasión la protagonista es Grace, una inglesa sosa (¡como todas las inglesas!) que durante la II Guerra Mundial conoció, se enamoró y se casó (en tiempo record, claro, que eran los años del Blitz) con un aristócrata francés muy seductor (¡como todos los franceses!). Tuvieron un hijo, Sigi, pasaron separados la guerra (él tenía que luchar con De Gaulle en la liberación) y ahora que la contienda ha acabado vuelven, juntos, a Francia. Grace está deslumbrada por Francia, los franceses y sus costumbres. Y Sigi tiene planes muy distintos a los de sus padres. Un libro lleno de tópicos (de los que se ríe) y muy muy -británicamente – divertido, como todo lo que escribe Mitford.

– Coral Glynn, de Peter Cameron. Y si Mitford y Von Arnim eran divertidas y vintage por derecho, Cameron es aquí vintage por decisión y muy melodramático. Seguimos en las postrimerías de la II Guerra Mundial y Coral Glynn es una enfermera  que parte a una casa en la campiña británica a cuidar a una enferma terminal. Sigue una diferente y triste historia de amor en la que nada es lo que puedes esperar. El segundo párrafo empieza así: «En Hart House se inundó toda una zona al fondo del jardín y se formó una charca poco profunda donde los azafranes asomaban animosos sus cabezuelas, como niños temblando de frío en una clase de natación». Perfecto cuando fuera está también lloviendo.

Canción de hielo y fuego, de George R.R. Martin. Sí, en serio. Si no habéis oído hablar de Juego de Tronos en los últimos meses, tenéis que vivir en Marte. ¿Por qué es perfecto para sofá, café y manta? Hay muchísimas páginas, unos cuantos tomos (cuando lleguéis al final podéis sumaros a la lista de fans dolientes que presionan a Martin para que escriba de una vez por todas los libros que faltan para que acabe la saga y que rezan para que nada malo le pase al escritor mientras) y una trama adictiva y llena de giros como en las mejores sagas familiares. Luchas de poder, traiciones y dramas amorosos forman parte de un argumento que ya cuenta con miles de lectores.

El jardín olvidado , de Kate Morton. Y continuando con libros muy populares, Kate Morton es perfecta para sofá y mantita. Sus historias mezclan tramas en varios tiempos históricos, siempre jugando con un misterio que es el punto de partida y que sirve para aglutinar las tramas (un recurso habitual en los best sellers contemporáneos que, particularmente, me encanta). En este caso, Cassandra hereda tras la muerte de su abuela su tienda de antigüedades en Australia y una casa perdida en Cornualles sobre la que no sabía nada. Con la casa llega el misterio: su abuela no era en realidad quien todos pensaban. Apareció cuando tenía unos cuatro años, perdida y sola, en un puerto australiano y fue adoptada por uno de los responsables del puerto. Pero sus raíces se hunden hasta Cornualles y un gran misterio…

Foto |  Boston Public Library