Zelda Fiztgerald

Zelda Fitzgerald ha pasado a la historia por ser la mujer de Francis Scott Fitzgerald y la fuente de inspiración para sus personajes. Muchas de las frases célebres que pronunciaron en su momento las heroínas del escritor y que después se convirtieron en elementos que todo el mundo conoce fueron en su momento, en realidad, frases que dijo la propia Zelda (Fitzgerald usaba a su esposa y sus cartas y diarios como fuente para sus novelas).

Pero además de musa, Zelda Fitgerald también intentó encontrar su lugar en el mundo como creadora. Lo intentó con la danza, con la pintura o con la literatura. Aunque se suele pensar que Zelda Fitgerald empezó a escribir después de casarse con un escritor, lo cierto es que – como demuestra el hecho de que se haya descubierto una historia inédita firmada por ella – ya lo hacía antes de casarse. Tras casarse escribió relatos, artículos y una única novela, Resérvame el vals, que produjo en cuatro semanas en uno de los períodos que pasó en un hospital psiquiátrico a principios de los años 30.

La novela estaba inspirada en su propio matrimonio. Narra la historia de Alabama, una chica del sur de Estados Unidos, que se casa con David, un pintor que consigue el éxito. La pareja se hace rápidamente famosa (como los Fitzgerald) y abandona Nueva York por Europa.  En su momento fue un auténtico fracaso de ventas, pero aún así hoy es posible leerla (en su versión original, Save me the Waltz, o traducida al castellano) y descubrir a la Zelda novelista.

De las cosas que hacen y dicen sus personajes es además posible sacar una cuantas perlas de sabiduría:

Lo malo de las emergencias es que siempre me pongo mi mejor ropa interior y al final no pasa nada

Lady Sylvia, una aristócrata británica que es una secundaria

Para mí, la mejor forma de provocar lo inesperado es acostarme con la crema de los poros puesta

Esta es la sublime respuesta de Alabama, la protagonista, a las observaciones de Lady Sylvia

El matrimonio es el único concepto que no podemos sacarnos de encima

David, el protagonista.

¡Arre, caballito! Mamá, ¿por qué no corres? – protestó la niña.

Shh.. Shh… Shh… Soy un caballo viejo y cansado y tengo fiebre aftosa, querida

Alabama (o cómo librarse de las peticiones de juegos infantiles de forma creativa)

Puedo hace exactamente lo que me venga en gana, ¡lo que sea! ¡Si quiero, puedo dormir mientras estoy despierta!

Alabama, reafirmando su independencia.

Teníamos a nuestros padres hasta que te tuvimos a ti. La generación del momento presente es siempre la que no tiene a nadie en quien apoyarse

David, hablado con su hija del recambio generacional

Siempre hay algo que estropea las fiestas. Si no es un mono, es la lluvia.

David, que continúa hablando con su hija.

Las personas son como los almanaques, Bonnie: nunca encuentras la información que buscas, pero vale la pena hojearlos

David, más consejos a su hija

Ante de las nueve, París es un dibujo a pluma y tinta china