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Al padre de Mia le han dado una paliza que lo ha dejado en coma. La culpa la tienen las deudas. Ha acumulado una deuda de un millón de dólares con un prestamista no muy simpático en Las Vegas, tras perder y perder en las mesas de juego. Mia se siente un poco culpable, porque el prestamista chungo había sido su novio y ella fue quien se lo presentó a su padre, y también se siente un tanto responsable, porque no puede dejar que le pase nada a su padre (al fin y al cabo, lo siguiente es aparecer en una cuneta…)  ni a su hermana pequeña. Así que decide buscarse un trabajo que le genere todo el dinero que precisa para pagar la deuda. La única solución que encuentra para hacerse con un millón de dólares en un año es convertirse en una escort de lujo. Durante doce meses acompañará a doce hombres que, por una razón o por otra, necesitan una acompañante de alto standing.

La historia es el punto de partida de Calendar Girl, la nueva saga de libros – firmados por Audrey Carlan – que acaba de irrumpir en las mesas de novedades en castellano (ahora mismo está tomando por asalto Europa, tras triunfar en Estados Unidos) y que, auguramos partiendo del buzz que están generando y de lo que ocurrió en EEUU, en los próximos meses ocuparán las mesas de novedades de grandes cadenas de librerías, librerías del aeropuerto o librerías muy comerciales, que se encaramarán a los primeros puestos de las listas de ventas y que aparecerán en los medios de comunicación generalistas como ‘el heredero de 50 sombras de Grey. Planeta es la editorial que lo está publicando en España y lanzó ya los dos primeros tomos de la saga. Con el comienzo de las vacaciones de verano fueron apareciendo los dos primeros tomos y con la llegada del otoño irán apareciendo los dos siguientes.

La historia arranca en la costa de California, donde Mia conoce al que (no hay que ser un lince para verlo) se convertirá en su love interest a lo largo de los diferentes libros. Tras la lectura de ese primer tomo, podría decir, usando la expresión inglesa, que la saga no es exactamente mi taza de té, pero también puedo comprender el interés que despertará. Las andanzas de Mia durante su nueva carrera laboral conectarán rápidamente con aquellos lectores que fueron captados con 50 sombras y sus herederos y que buscan (legítimamente, aunque parezca increíble que aún haya que decirlo) una nueva novela en esa línea.

Es lo que algunos medios han bautizado como ‘mommy porn’ y que otros acuñan como ‘soft porn’. Ninguna de las dos denominaciones gusta mucho a Audrey Carlan, la autora de la saga, que acaba de estar en España presentando sus novelas y con quien hablamos por teléfono. “Creo que lo que escribo es romántica erótica, que está basada en una historia de amor”, apunta cuando se le pregunta por qué odia esos términos. “Lo que pasa cuando estás con tu pareja es erótico”, añade entre risas, recordando que los principios de partida de los dos tipos de historias son distintos. Ella, indica, busca en su historia – y es lo que ocurre en la novela erótica como la que escribe, explica – capturar “la intimidad del encuentro sexual”. Considerar cualquier cosa ligada con el sexo pornografía es, señala, un tanto cerrado de mente.

Una estructura distinta

Lo más llamativo de Calendar Girl no es, sin embargo, el qué cuenta sino más bien el cómo lo cuenta. En la edición española y en la edición que se puede comprar ahora en papel en Estados Unidos, cada trimestre tiene un libro. En origen, la autora publicó la historia con una periodicidad mensual y con tomos independientes para cada mes. Es decir, la propia naturaleza de la historia se convirtió en el formato para su publicación. Los lectores podían seguir las aventuras de Mia en una suerte de tiempo real: cada mes leían un mes de lo que la protagonista estaba haciendo.

Carlan decidió emplear este formato de edición y publicación porque les prometió a sus lectores el hacerlo así, publicando un libro cada mes. El formato obliga a aplicar una estructura diferente (las novelas románticas funcionan con una suerte de previsión de felices para siempre: al final habrá un final feliz, pero en este formato la protagonista acaba siempre con un ‘feliz por ahora’ que deja el suspense abierto para la próxima entrega). Además de cambiar la estructura de la historia, también cambia la extensión, haciendo que los lectores reciban en realidad una novela corta (un género, añadimos de forma paralela, que ha tenido un revival en el mundo del ebook). La escritora probó “y les gustó, es algo que pueden leer en unas pocas horas”, señala durante nuestra conversación, indicando que a los lectores también les gustó el poder pensar en el libro que vendrá a continuación cuando llegan al punto final.

Para sus editores españoles, este también fue un punto llamativo de la historia. “Escogí este libro porque desde el primer momento la idea del calendario y la historia de cómo llegó a escribirlo la autora me intrigó, y desde la primera página me enganché por completo», apunta vía mail María Guitart, la editora de Audrey Carlan en Planeta.

calendar-girlPublicar un libro al mes obliga, por otra parte, a cambiar las dinámicas de redacción y a estar bajo el peso de una suerte de fecha de entrega constante. “Escribo muy, muy rápido”, apunta Carlan, señalando que cada una de las entregas de Mia tienen entre 7 y 10 días de redacción (antes de pasar a todas las fases de edición, corrección y ajustes editoriales) y que su tiempo de escritura de una novela completa está ahora en las 8 a 10 semanas (ahora Carlan escribe a tiempo completo).

Los lectores se han acostumbrado, se podría decir viendo los ritmos de publicación en el mundo de la romántica y de la romántica – erótica al menos en Estados Unidos, a tener muchas historias y a que estas lleguen muy rápido. Esperar años para recibir la siguiente entrega ya no parece algo que se pueda hacer o que se esté dispuesto a hacer. Y estos cambios en las dinámicas de publicación está también teniendo un impacto en cómo llegan estos libros al castellano y cómo se publica en España.

“Todo cambia…y es una suerte que sea así, porque nos obliga a repensar nuestra manera de trabajar y optimizar recursos”, responde María Guitart cuando se le pregunta por esta cuestión. “En un mundo globalizado como este y donde cada vez más gente lee en inglés, si los editores no nos ponemos las pilas en nuestra lengua de edición, podemos perder impacto y ventas”, añade. Por tanto, nuestros calendarios se ajustan sin dudarlo a la actualidad, a las fechas de salida de los libros en otros países, adaptándolos, eso sí, a nuestras necesidades de mercado, ya que no en todas partes el mejor momento es el mismo”, explica.

De la autopublicación a la lista del The New York Times

Carlan es, además, una más de la ya cada vez más larga lista de escritoras que empezaron autopublicando sus libros y saltaron desde la autoedición a las listas de los más vendidos. Ella fue descubierta por una editorial independiente (Waterhouse Press, creada por otra autora que encontró el éxito en la autopublicación), que fue la que hizo que pasase de unos miles de libros vendidos al mes a las cifras de record.

Como explica Carlan durante nuestra entrevista, la editorial incorporó un poder en términos de marketing que ella sola no tenía. “No tienes el tiempo necesario para trabajar en estas cosas”, apunta. Una vez que ellos entraron con sus ideas y su estrategia de posicionamiento, Calendar Girl explotó. Una semana después de publicar Diciembre, la última entrega, el libro entró en la lista de los más vendidos de The New York Times y fue progresivamente escalando hasta los primeros puestos.

Para las editoriales, la autopublicación se ha convertido en una fuente cada vez más golosa de talento, en una suerte de primer filtro para encontrar contenido. “Totalmente, creemos que el talento puede estar en cualquier sitio”, apunta la editora de Planeta cuando le preguntamos si las editoriales están cada vez más abiertas a encontrar talento en la autopublicación, “y estamos muy atentos a los autores que deciden autopublicarse. La verdad es que llegar a publicar un libro no es sencillo, y valoramos mucho que los escritores se animen a hacerlo, aunque no tengan una editorial detrás”. ¿Es la autopublicación un primer filtro? “En cierto modo sí, como editora mi trabajo consiste en estar muy al día de las tendencias y hoy en día, además de por los canales tradicionales, las redes sociales se han convertido en una vía muy importante para medir lo que se lleva, lo que gusta, que le interesa a la gente”, añade Guitart.

De Estados Unidos al éxito global

De la autopublicación pasaron a las listas de éxitos y de ahí han sido captadas para entrar en nuevos mercados, el camino que es cada vez menos raro para los últimos éxitos globales literarios. Las novelas de Audrey Carlan estaban siendo también publicadas en estas semanas en otros idiomas, como el portugués o el francés. «Creo que la gente está conectando con cómo ella crece, madura, a lo largo de ese año», apunta Carlan cuando le preguntamos por qué cree que la historia logra conectar con lectores de mercados tan dispersos y diversos, señalando que la historia es, al final, «sobre su viaje, su viaje es conocerse, aprender a amarse a ella misma».

En España, Planeta lo está publicando en castellano y en catalán. ¿Por qué en catalán y no en gallego o euskera (como nos preguntamos, a veces, los lectores de esas lenguas, aunque podemos imaginarnos la respuesta)? Un libro se publica donde el mercado lo reclama o lo aceptará”, explica María Guitart (añadimos desde la redacción a sus palabras, como una suerte de nota al pie, que las cifras de lectura y publicación del catalán contra por ejemplo el gallego presentan una diferencia significativa, en catalán se lee mucho más). La editora apunta que el catalán “tiene un público lector que espera encontrar los libros en su lengua materna”. “Este tipo de novela, por ejemplo, ha encontrado su hueco que hace unos años ni se había planteado”, señala. “Por tanto, el mercado existe, ¡solo se trata de encontrar el momento y el libro adecuados para él!”, añade.

Foto (c) Melissa McKinley

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