Juego de Tronos coverflipSitúate en una librería cualquiera y mira las mesas de novedades. El juego consiste en únicamente mirar las portadas de los libros, nunca leer el nombre del autor e intentar averiguar si quien ha escrito el texto es un hombre o una mujer. Parece un reto complejo, pero no lo es tanto. Si el autor es un hombre, la portada será de una manera. Si la autora es una mujer, la portada será de otra forma. Poco importa que ambos libros traten sobre los problemas, por ejemplo, de una familia para enfrentarse a la muerte de uno de sus miembros. Si lo firma una autora, habrá colores pastel e imágenes bucólicas. Si lo firma un autor, será una portada más o menos aséptica, con una imagen escasamente sentimental. 

La portada marca, en estos tiempos de igualdad, si un libro es ‘de chicas’ o si no lo es. Y la portada es lo primero que se ve, incluso antes de que nadie coja el libro y se digne a leer su argumento. En los últimos meses, en Twitter y en Tumblr se puede seguir una etiqueta, coverflip, que intenta demostrar de una forma gráfica esta realidad. Quienes hacen coverflip toman una portada de un libro (de chicas o de chicos) y le cambian el género a su autor. ¿Es el resultado el mismo?

Todo comenzó con una reflexión en Twitter de Maureen Johnson, una autora de novelas para adolescentes, sobre cómo las portadas están marcadas por el género de sus autores. Johnson lanzó un concurso en redes sociales para que sus seguidores propusiesen alternativas, tras cambiar el género de los autores, a las portadas que se estaban usando en los libros.

El señor de las moscasEn un principio, iba a durar dos días (los que duró el concurso) pero el eco del coverflip ha llegado hasta ahora. Las portadas creadas por los seguidores de Maureen Johnson se hicieron muy populares y consiguieron mucha repercusión en los medios. «El objetivo final de coverflip es demostrar que los libros no tienen que tener género», explicaba Johnson en una columna en The Huffington Post. «Dejemos de predeterminar que es para niños y que es para niñas». 

El debate sobre las portadas (las mejores creadas por los seguidores de Johnson pueden verse en esta galería) reabre el debate sobre lo que los lectores esperan de las autoras y la doble percepción que se tiene de las historias. Así, como recordaba Jodi Picoult,  a una escritora se le pide que meta romance en su obra (firma una mujer, tiene que haber amor). Y además, lamentaba, la percepción de las temáticas es diferente: si un hombre escribe sobre relaciones familiares es nominado al Pulitzer, si lo hace una mujer es simplemente otra obra más.

Los autores, al final, no tienen mucho que decir sobre las portadas (son los editores quienes las eligen) aunque en los últimos años ya se ha dado el caso de escritores medianamente reconocidos que han optado por la autoedición para escapar a la maldición de tener siempre las mismas portadas.

Imágenes | khaleesi, There is a tide

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