Harlequin

Durante años, la novela romántica estaba en manos de unas cuantas editoriales, que publicaban novelas de portadas vergonzosas y vergonzantes y que dominaban el panorama tras haber descubierto no sólo a los lectores que formaban su público objetivo sino también como debían llegar a ellos (más bien, en realidad, ellas). Pero llegó el ebook y el público objetivo de este tipo de publicaciones cambió, abriéndose el abanico gracias a que todos aquellos lectores que nunca se dejarían ver con una portada como aquellas en público accedieron al anonimato que garantiza el ereader. Las novelas románticas se quedaban entre el lector, Amazon o la plataforma de compra de ebooks utilizada, el algoritmo que usasen para definir los gustos de sus clientes y su conciencia. Y quizás ahí empezaron los problemas para firmas como Harlequin.

Todo parece pintar perfecto para una editorial como esa, especializada en novela romántica (de la que se puede comprar al peso) y con un amplísimo catálogo del que echar mano ante la avalancha de la demanda. Pero las cifras económicas del gigante canadiense del amor de consumo rápido no son las esperadas. Torstar Corporation, el conglomerado editorial detrás del sello, acaba de presentar sus resultados económicos para el segundo trimestre del año y están por debajo de lo esperado.  Los ingresos de la firma han caído un 7,5%, los beneficios prácticamente se redujeron a la mitad y aumentó la deuda neta de la firma. La culpa la tiene Harlequin.

«Fue un trimestre difícil», explica en la nota de prensa sobre los resultados del grupo el presidente y consejero delegado de la firma, David Holland. Harlequin ingresó nada más y nada menos que 7,5 millones de dólares canadienses menos que en el mismo trimestre del año precedente.  La empresa había previsto que las cifras de la editorial se iban a resentir «pero no en esta extensión». La pregunta es evidente: ¿qué le ha pasado a Harlequin para no funcionar en los tiempos del ebook, cuando los lectores de romántica han crecido tanto? Sobre todo si se tiene en cuenta que la editorial ha vendido hasta la fecha (y nació en 1949) nada más y nada menos que 6.000 millones de libros. 

El problema está en que las ventas directas han caído (es decir, Harlequin vende menos libros físicos) y aún no ha conseguido adaptarse al formato electrónico. El modelo de ventas de Harlequin era, hasta ahora, el de un club de lectura, como explica un analista a Globe&Mail, el periódico de referencia canadiense, algo que ya no funciona igual. Por otra parte, la débil economía europea también pasa factura a la marca (completamente global, edita en 29 lenguas cada mes), que vende menos en el continente.

La estrategia a futuro de la firma pasa por cambiar el modelo de derechos en edición digital y por cerrar acuerdos que pongan a la marca donde pueden estar sus nuevos lectores. Por ejemplo, la editorial empezará a distribuir ebooks de la mano de Cosmopolitan,  ofreciendo dos al mes a las lectoras de la publicación. También ampliarán la presencia de la no-ficción (ya han conseguido éxitos en inglés con títulos como The Virgin Diet o The Beauty Detox Foods, sobre dietas) y confían en sus nuevas líneas de edición, como Harlequin’s Teen. Igualmente, sus autores best-seller (Robyn Carr y Susan Mallery, según PublishersWeekly) siguen funcionando bien.

Foto | dno1967b

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